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jueves, 21 de enero de 2010

Vías Cruzadas, o los estigmas del cine independiente

La pasada semana agarré esta película al vuelo en La 2, ya sabéis, pies encima de la mesa, zapeo constante, y "deja eso". Reconozco mi pudor para arrastrar por los suelos a películas bienintencionadas, y esta sin duda lo es, pero a mitad de la historia no tuve más remedio que levantar la cabeza y empezar a disparar a discreción contra esta previsible nadería. Más allá de la destrucción de esta semidesconocida película, me llamo la atención la cantidad de marcas, casi estigmas, que arrastra el cine independiente americano, lo sobrevalorado del mismo y sobre todo lo aburrido que es. Empecemos la autopsia:

1.- Personajes. Los protagonistas de esta cinta son un enano silencioso y taciturno al que le gustan los trenes, una mujer de mediana edad depresiva que pinta cuadros abstractos y un cubano que vende café en el lugar menos poblado de América. Para completar el cuadro tenemos a una niña extrovertida con sobrepeso (negra y pobre), un redneck con mullet en el papel de malo y una bibliotecaria lolita y cachonda que acaba embarazada. Esto se llama rareza pretendida. No construimos una historia y por necesidades de la misma aparecen tipos poco usuales. Buscamos primero gente extrañamente tópica y les colocamos como a figuritas en una maqueta. Ojo que los engranajes empiezan a chirriar.

2.- Relaciones. Ahora que tenemos montado el circo nos haría falta que los muñecos se movieran un poco para entretener al personal. Cuando los guionistas son hábiles, los personajes se conocen e interactuan de una forma sutil, como en toda historia inventada nada es casual pero nosotros, el público, no nos damos cuenta. En The Station Agent y otras muchas del estilo, más que encuentros tenemos encontronazos, situaciones de unión tan forzadas que resultan inverosímiles.

3.- Emociones. Estas películas siempre han presumido de ser un "crisol de sentimientos", que diría algún redactor cursi e imbécil de una revista de tendencias. Si nos emocionamos viendo una película es porque sentimos empatía, es decir, nos ponemos en el lugar del otro, comprendemos lo que siente y por tanto revivimos en nuestro pathos lo visto. Aquí no hay empatía posible. Casi todos los personajes suelen caracterizarse por una anemia energética notable, pasean sus caritas lánguidas por la pantalla y miran al horizonte esperando algo que no llega nunca. Todos tenemos momentos de astenia, estos la llevan en su código genético, no hay cambios, sólo una melancolía permanente.

4.- Ausencia de conflictos de clase. Vale, ya sé que en La Guerra de las Galaxias tampoco hay lugar para esto, la diferencia es que estos presumen de Cinema Verité. Pretenden reflejar la realidad, pretenden huir del borreguismo hollywoodiense y que universitarios interesados en el cine asientan con la cabecita a sus creaciones. Pero eso sí, no me expliques como coño vive un inmigrante cubano vendiendo dos cafés al día, sin derecho a contrato o asistencia sanitaria y con un padre gravemente enfermo. Y no me lo explicas por un sencillo motivo, querido creador independiente, en tu puta vida has sabido lo que es eso. Hay pues más de real en La Sirenita que en diez años de vuestro cine.

5.- Sexo. O no aparece por ninguna parte o si lo hace es de una forma patológica y pueril. En este punto no prefiero entrar, pero a mi me parece claro y cristalino como el agua en una mañana de verano.

6.- Estética. De manual, pero demasiado. Al igual que los escritores utilizan los tiempos y las personas verbales para contar diferentes tipos de historias, en el cine no deberías cambiar de plano cada tres segundos si tu tema es la quietud y la introspección. Eso es una cosa, otra no desmontar la cámara del trípode que te dejaron en la escuela de cine en noventa minutos. Esto no es teatro filmado, y, o no te enteraste en el tema 1 o el día que os pusieron Potemkin faltaste para ir a ver a Jay Jay Johanson o algo peor.

7.- Vergüenza ajena. Nunca, nunca, nunca (te has enterado ya?) filmes una escena de gritos, furia descontrolada, llantos o cualquier otro momento desmedido a no ser que esté muy justificado y cuentes con actores de primera. Si no el resultado que obtendrás es el que da nombre a este punto.

8.- Música. Si quieres meter la musiquilla que hace tu novia la cool-trendy-guay con el casio y eso justifica que a lo mejor te deje que la des algo más que un besito, vale. Si no es por eso recurre a un profesional que haga algo que enfatice y arrope tu película. Porque esto no es como aquella vez que pusiste unos emepetreses en la fiesta de primavera, no se trata de sacar porque sí a tus grupos preferidos. O sí, pero es que a nosotros nos gusta el soul...

9.- Cuanta algo por dios. Es decir, no vale que pare el DVD en cualquier momento y obtenga el mismo resultado que si me espero hasta el final. No hace falta que os ciñais a la novela decimonónica, pero no estaría mal algo de estructura, algún punto de giro y alguna pista que haga pensar al espectador que merece la pena acabar de ver tu película por algo más que hacer tiempo. De verdad, en el fondo esto se trata de contar historias, incluso aunque carezcan de interés real se pueden, se deben contar bien.

10.- El cine de entretenimiento no es malo. Incluso normalmente es mejor que el tuyo. Mira Indiana Jones y el Arca Perdida y aprende como contar algo, de forma interesante y que te lo haga pasar bien durante hora y media. ¿Qué tu eres un tipo serio y sustancial?. Te diría que vieras La Soledad del Corredor de Fondo, pero no, no te lo mereces, esa es nuestra.

miércoles, 20 de enero de 2010

El invernadero, Días de Vino y Rosas

La lluvia no cae del cielo, se desploma. La casa, sumida en medio de la tempestad, deja ver una luz a través de una de las ventanas del piso de arriba. Se deduce, erronamente, una calidez amable, de dormitorio donde se lee a Virginia Woolf, se mira a los ojos o se piensa en la preparación de la comida del día siguiente.

Dentro hay una pareja. No permanecen impasibles mirando al techo en camas separadas, saltan sobre la cama con una felicidad tóxica, hasta que caen al suelo, se desmoronan con estrépito de cien años de problemas ocultos y enterrados. Al intentar reponer sus vasos al estado deseado caen en la cuenta que la botella ya no va a dar más de sí, está exhausta, sus risas se vuelven nerviosas.

Él, en otro tiempo alguien a quien tu jefe hubiera confiado sus secretos, se agarra a la temeridad, a ese pensamiento posibilista que explota en las cabezas de todos los que alguna vez hemos necesitado algo y no lo hemos tenido. Y lo hemos necesitado no como el agua o la comida, no como el sexo, el sueño o el amor, si no como la química descompensada dentro de nuestras cabezas.

Sale por la ventana, desciende por un árbol con un júbilo inaudito, avanza unos pasos y está tan cubierto de agua como lleno de ansiedad por dentro. Tiene que llegar al invernadero donde se esconde lo que ansía, tanto, que ese momento no valen las matemáticas, las consideraciones, teorías o precauciones.

Al entrar el agua hace resonar los cristales como unas neuronas a las que les falta el estímulo, como unas serpientes que han recibido demasiado sol y poco alimento. Enterró la botella en tiesto, recordó la clave, el numero de pasillo más el número de maceta. Sólo unos pasos hasta el único polo norte magnético que importa en esos momentos.

No da con ella a la primera. Risa nerviosa, autocomplaciente, cómplice de una posible anécdota que contará entre sus sábanas a la mujer que le espera seminconsciente en la habitación. No da con ella a la segunda, ni a la tercera, números, claves, confusión, nudo en el estómago, ganas de vomitar, cabeza fluyendo a una velocidad eléctrica por un mar de densa gelatina.

Surge el enemigo abstracto pero necesario, alguien carente de forma pero que necesita ser creado para recibir la andanada de cañonazos de la frustración dictatorial que se ha apoderado de todo.

- ¿Quien sois vosotros, quién, por que me la ocultáis? - ladrando inútilmente al vació con una planta arrancada de cuajo.

La palabras dejan espacio a las acciones, al ate, la ceguera demente que impide ver como el invernadero sucumbe ante un tornado sub-humano. Las fuerzas cesan, solo queda llorar en el suelo, cubierto de tierra y cadáveres vegetales aun latientes, belleza efímera y tan débil como la personalidad de un adicto.

La botella aparece semienterrada hasta que la mano la agarra con ternura de padre. Ya sólo queda clavarla en el esófago y dejar que todo se torne raro, palpitante, oscuro, ya sólo queda esperar la nada, solo.

jueves, 2 de julio de 2009

Al final teníamos razón


El saltador de trampolín se dispone a lanzarse al vacío. Cierra los ojos, tensa los músculos, deja su mente en blanco antes del momento, y recuerda que es lo que le ha llevado hasta ahí.

Es posible que a mi me pase algo parecido, ante el gran salto pienso de donde vengo, y que es lo que me ha hecho como soy. Sin exagerar, creo que una de las partes más fundamentales de la vida de una persona son los discos que ha escuchado, los libros que ha leído, las películas que ha visto, y esto es lo único que sabes que no te va a fallar, lo único a lo que asirse en los momentos difíciles.

Siguiendo esa ruta trazada por uno mismo, el azar o la gente que te rodea, me acuerdo de Earth Angel, la canción originalmente grabada por The Penguins en 1954, pero que yo, como supongo la mayoría, escuche por primera vez en esta versión realizada por un grupo inventado para la película Regreso al Futuro.

La escena en que Marty McFly, el chico del salvavidas por chaqueta, toca la guitarra junto a ellos, es una de las mejores de la trilogía de Zemeckis. Todo pende de un hilo, si sus padres no se besan en el baile del encantamiento bajo el mar, él desaparecerá a causa de una paradoja temporal. Todos hemos visto la película una y mil veces, sabemos que acaba bien, pero cuando el protagonista apenas puede sostener la guitarra y encajar un acorde, aun tememos por su suerte. Al final, y coincidiendo con la entrada de los violines, el asustadizo George McFly besa a Lorraine y todo vuelve a su cauce. Es en ese momento cuando casi nos levantamos y aplaudimos y agitamos los brazos en plan deportista exhausto que cruza la meta.

La canción siempre me gustó, pero hubo un tiempo que no lo podía reconocer. Como decir a tus amigos adolescentes que algo de hace cincuenta años te parece estupendo, y además, algo que habla de puro y simple amor. Inadmisible. Para decirte lo que había que oír ya estaban los cuarenta criminales, buque insignia de referencia para los supuestos chicos-en-la-onda de aquel entonces (hoy ya ni eso, están los politonos). Además el cinismo dominante, el nada importa y el todo es mentira, hacían, hacen, imposible declararse pasional, entregado y conmovido.

Supongo, sé, que el vacío a un chico de once años le duele, el sentirse fuera de lugar, absoluta y totalmente ajeno al mundo donde vive. Por eso es agradable mirar atrás con ira y ver que al final ellos eran los que estaban equivocados, ellos eran los que ahora llevan vidas comunes, tristes y desapasionadas. Vidas de esas que no duelen porque siempre están en la misma linea, no como otras, en las que se reciben fuertes golpes por haber subido muy alto.

Al final teníamos razón, por eso, la próxima vez que regalen, recomienden o rueguen a alguien querido que lea, escuche o vea algo que les ha marcado sepan que le están haciendo el favor más grande de su vida.

lunes, 4 de mayo de 2009

Cinco razones para amar a The Knack

#1.- Por ser una estupenda introducción al Free Cinema británico, en su vertiente más pop pero no menos crítica con el stablishment de la sociedad británica. Dirigida por Richard Lester en 1965, El knack y como conseguirlo, cuenta la historia de una chica de provincias recién llegada a Londres y de un joven maestro de escuela con escaso éxito con las féminas. Al final acaban juntos, pero para saber como y porque tenéis que ver la película.

#2.- Por tener un ritmo y una narración visual sorprendentes hasta hoy mismo. Esta película es un experimento comprensible, se apuesta por nuevas formas de ver el mundo, pero al final el espectador comprende lo que se le ha querido contar a través de las imágenes. Tiene escenas como la de las puertas, que por si solas justifican el romper con todo lo anterior. Es posible que el resultado final conjunto se encuentre por debajo de otros clásicos de la época, pero quien no arriesga no avanza. Ah!, por cierto, para los que denigran este tipo de cintas, gano la Palma de Oro en Cannes.

#3.- Por su banda sonora. Jazz Moderno compuesto por John Barry, una música perfectamente adaptada al momento, 1965, puente entre el Londres Mod y la época del colorista Swinging.

#4.- Por Rita Tushingham, la actriz que ven en el cartel promocional francés de ahí arriba, extrañamente guapa, perdida, como si se hubiera caído de una nube en medio del caos. Que de chicas normalmente arrebatadoras dio el free cinema.

#5.- Por el personaje de Tolen (Ray Brooks), perfecto mocker motorizado, zapatos winklepickers, traje negro ajustado y mucho mojo. Lo bueno del asunto es comprender que significa este nuevo elemento, no es importante por su profesión, su status o su clase, es lo que es por él mismo, por la construcción de una identidad al margen de lo establecido. Puede que sea poco, puede que no acabe muy bien, pero es mejor que hundirse en la miseria cotidiana. Además se liga, entre otras muchas a Jane Birkin.

martes, 28 de abril de 2009

Extracto del manifiesto de los Jóvenes Airados

Malcolm McDowell poniendo las cosas en su sitio.

"Por su propia naturaleza, el artista estará siempre en conflicto con el hipócrita, el mezquino, el reaccionario, y siempre habrá alguien que no comprenda la importancia de lo que está haciendo; siempre deberá luchar en nombre de sus opiniones".

martes, 24 de marzo de 2009

We are the mods, por E.E. Cassidy


El pasado 11 de Marzo se estrenó, por fin, la película We are the mods, dirigida por E. E. Cassidy en el Florida International Film Festival. Esta cinta, una producción independiente que comenzó a gestarse en el 2005, ha sido filmada en L.A. en apenas 21 días.

La historia gira en torno a una joven fotógrafa, Sadie, que se ve imbuida en los círculos modernistas de la mayor ciudad de California, donde conoce a Nico, una modette que padece una discapacidad y cuyo lema es: "No seas una víctima, nunca parezcas una víctima".

La cinta parece mezclar algunos temas recurrentes en las historias post-adolescentes (drogas, subculturas juveniles, desorientación personal) con el tema de la homosexualidad femenina en un espacio eminentemente masculino como es lo mod. Parece, ya que evidentemente no he podido ver la película.

Esta producción, deudora en el homenaje argumental a Blow-up, cuenta al menos con el conocimiento de Cassidy de la escena mod de Los Ángeles, de la cual parece que formó parte desde mitad de los noventa. La duda que me queda es que si más allá de banda sonora y estética, lo mod aparece como un simple decorado (algunos maledicentes dirán que siempre es un decorado), o tendrá alguna importancia mayor. En algunos clips anteriores de Cassidy se puede apreciar una visualización a lo Michele Gondry, look Swinging London y según él un aprecio por Godard y Klein.

Habrá que estar atento por si cayera en algún festival de ámbito nacional, cosa difícil. Otra opción sería optar por la autodistribución y hacer una pase conjunto con la también norteamericana y reciente Young Bird´s Fly.

martes, 19 de agosto de 2008

La Soledad del corredor de fondo

La Soledad del corredor de fondo, The loneliness of the long distance runner, es un excelente título que da nombre a una película de Tony Richardson rodada en 1962. La película no desmerece al título.

Hubo un tiempo en que unos jóvenes ingleses, hartos de la espesa capa de polvo en la que estaba sumida la Gran Bretaña de posguerra, decidieron que era hora de dar una palmada sobre la mesa, y sobresaltar con ella a los mortecinos señores que dormitaban en apolillados sillones victorianos. Los Angry Young Men, así los denominaron, muy escueta y acertadamente, retrataron con sus novelas y dramas el país que, aun ganando la Segunda Guerra Mundial, era el cadáver de un imperio en progresiva decadencia. Allan Sillitoe fue uno de estos tipos hartos de un orden tan centenario como injusto, y escribió este relato (1958) que unos años después transformaría en guión cinematográfico.

La Soledad del corredor de fondo trata sobre un chaval de clase obrera que vive en el Nottingham de principios de los sesenta (se puede no ser working class en Nottingham?) y que acaba en un reformatorio por haber robado unas cuantas libras en una panadería. La película no es un drama lacrimógeno ni moralista, pero tampoco un simple retrato naturalista, toma partido, y se pone del lado de los que no nacieron con una cuchara de plata en su boca.

Tom Courtenay (Billy Liar, A Dandy in Aspic), el actor que interpreta a Colin, el antiheroe de la cinta, crea un personaje de verdad, esto es, con todos los matices y caras que tienen las personas interesantes y vivas (hay personas con las que nos cruzamos a diario que están muertas y ni lo saben).

Esta película tiene decenas de momentos, de escenas, que parecen grabados desde detrás de una puerta, captura a gente a la que conocemos y nos muestra las ambivalencias de las que todos somos partícipes. Colin, desde la institución que pretende adaptarle a la vía de único sentido, va recordando una linealidad de situaciones, desde una escapada a la playa a el día en que murió su padre. Los detalles, esos pequeños gestos de la historia que dicen mucho más que un tratado o un panfleto. El ansia del director de la cárcel por ganar la carrera contra el colegio privado, las damas de alta sociedad que visitan la institución a la que amablemente donan sus migajas, mientras que contemplan a los chicos trabajar en el taller, como nosotros miramos a los monos en el zoo.

Es curioso pero no se me ocurren ejemplos de este free cinema en España (si se os ocurren no dudéis en decirlo). Lo que quiero decir es que si esta película la hubiéramos rodado aquí nos hubiera salido una canción de Reincidentes, y no, por ejemplo, Dead End Street, de los Kinks.

Por últimos, esta película sirve para hacer un experimento social. Si cuando la veáis vuestros acompañantes reaccionan decepcionados o confusos ante el final, es hora de que os busquéis otra compañía.

lunes, 19 de mayo de 2008

Lock, Stock & Liar Liar, afortunado encuentro


Unos tipos de Minnesota les da en 1965 por escribir una cancion llamada Liar Liar. Su nombre los Castaways, banda de Garaje one-hit-wonder semidesconocida, si no fuera por el celeberrimo recopilatorio Nuggets.

En 1998 otro señor, esta vez de Londres, hace una película que tiene el alambicado título de Lock, Stock & Two Smoking Barrels. Su nombre es Guy Ritchie, y es un director de cine que va camino también de ser un One (or two) hit wonder (Madonna tiene la culpa, seguro).

Más allá de los Castaways o Guy Ritchie, los cuales en sus aspectos biográficos me importan menos que la salud de un banquero, quería llamar la atención por el magnífico suceso de simbiosis sonoro musical que se produce en la escena de arriba.

Está claro que hay películas y canciones que nacieron para conocerse, y la escena de la partida de Póker de Lock & Stock, y Liar Liar son dos de esos encuentros que de no producirse, habrían de inventarse.

martes, 6 de mayo de 2008

Grands Soirs et Petit Matins

Grands Soirs et Petit Matins, "Fragmentos de una película que debió existir", es un documental rodado por William Klein en París, ¿Cuándo?, en Mayo del 68.

No hay nada más contrario al proceso revolucionario que fotografía la película que el propio hecho de actuar como espectadores en la vida, sin interactuar con ella, sin provocar situaciones que alteren el falso-cotidiano devenir de las cosas. Por eso, una película que hable sobre Mayo del 68 es contradictoria en si misma.

Sin embargo, esta cinta documental, habla poco sobre el hecho, y más bien deja, absolutamente, que el hecho hable por si mismo. No hay un sólo minuto de narración, sólo carteles que nos ubican en el momento y lugar que aparecerá al instante. William Klein, fotógrafo y cineasta de tendencias, más que de moda, rodó cámara al hombro entre la gente de las manifestaciones, dentro de los debates de la Sorbona, a las puertas de las fábricas ocupadas. No hay actores, sólo estudiantes, trabajadores y cuerpos de normalización coactiva (AKA policía). Tampoco hay diálogos, ni guión, más allá supongo del obvio montaje. Lo que se oye no son ocurrencias, por muy buenas que puedan ser estas, sí diálogos, confrontación de ideas entre gente como nosotros. No hay focos, ni moderador, ni si quiera expertos contertulios. Y no pasa nada, es más, es mejor.

La película no enseña ni los antecedentes, ni los desenlaces, no hay una sola pausa para introducir datos, ni bustos parlantes. Sin embargo la película explica más sobre Mayo del 68 que cualquier documental o reportaje que pasen en la televisión estos días.

Las dos corrientes principales de explicación del Mayo francés son reaccionarias, y sus documentales siguen esta línea. Una odia sin tapujos todo lo que supuso. La otra pretende transformar las hogueras en fuegos de artificio, ñoñearnos la violencia, asimilar la subversión. Una destruye, la otra hurta, ambas mienten.

Los aniversarios como la actualidad son mentira. Pero ante la zafiedad conservadora y el progresismo de barraca que se nos viene encima es un buen momento para rescatar la película de Klein. Como no la van a poner en televisión (supongo) y no creo que conseguirla en formato físico sea fácil, podéis conseguirla en rebeldemule. Y luego más os vale poneos a crear situaciones...

jueves, 17 de abril de 2008

Grandes diálogos: The Commitments

-¿Y qué clase de música vamos a tocar, Jimmy?
-¿Sois de clase trabajadora, verdad?
- Lo seríamos si hubiera trabajo
- Entonces vuestra música debería hablar de quienes sois y
del ambiente de donde provenís, debería hablar el lenguaje de la calle.
Debería referirse a la lucha y el sexo, y no me refiero a canciones
de amor blandengues que hablan de querer coger la mano a tu chica.
Me refiero a joder, follar, coños, pollas, culos... todo eso
-¡Vaya! ¿qué clase de música habla de eso?
- El soul
- ¿El soul?
- ¡Soul!, Vamos a tocar soul de Dublín

lunes, 4 de febrero de 2008

XXII Premios Goya: La Soledad película triunfadora

Escribo a modo de telegrama los resultados e impresiones de la ceremonia de la XXII edición de los Premios Goya de la Academía de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España (toma nombre!):

-Mejor Película: La Soledad.
-Mejor Director: Jaime Rosales, por La Soledad.
-Mejor Guión Original: Sergio G. Sánchez por el Orfanato.
-Mejor Guion Adaptado: Félix Viscarret, por Bajo las Estrellas.
-Mejor Actor Protagonista: Alberto San Juan, por Bajo las Estrellas.
-Mejor Actriz Protagonista: Maribel Verdú, por Siete Mesas de Billar Francés.
-Mejor Director Novel: Juan Antonio Bayona, por El Orfanato.
-Goya de Honor: Alfredo Landa

Los demás premiados los podéis ver en el especial que el diario Público ha abierto respecto al tema.

Sin duda la ganadora ha sido La soledad, llevándose los dos premios principales y por abrumadora sorpresa (la cara de Elías Querejeta ha sido un poema). La perdedora, Las trece Rosas, que sólo recibe algunos premios técnicos y el actor de reparto. El Orfanato salva los muebles, recibe los importantes premios de guion y director novel, y otros cinco Goyas en otras categorías, pero parecía que lo iba a ganar todo, y eso torna en algo descafeinado su triunfo. Por otra parte me parece que la otra ganadora es Bajo las Estrellas, que llegó de convidada de piedra y al final se lleva Actor y Guión Adaptado, y me alegro, ya que me parece una película estupenda.
Siete Mesas de billar Francés se conforma con dos premios, uno a Amparo Baró, por Actriz de reparto y otro, por fin, a la eterna nominada Maribel Verdú, la cual, o se emociona de forma muy extraña o ha fingido de forma bastante torticera su turbación.

La gala como espectáculo televisivo ha estado entretenida, con Corbacho aplicando su humor de macarrilla agradable. Los vídeos de las cuatro películas nominadas, dobladas al más puro estilo retrospector, han sido el otro aporte del humorista-director que presentaba el evento. Ha tenido una duración aceptable, aunque nos han frito a base de pausas publicitarias, prácticamente corte cada tres o cuatro premios. Me gusta que los que dan los premios se dediquen a leer la tarjetita de los nominados y el ganador, es incomprensible pero la mayoría de actores y actrices no dan bien leyendo chistes ad-hoc.

La noche ha tenido diferentes momentos, pero sin duda los dos más emocionantes han sido el final del vídeo de los fallecidos relacionados con el cine español, con Fernán Gómez, y el Goya de Honor a Alfredo Landa. El actor homenajeado ha tenido verdaderas dificultades para leer su discurso, y me temo que su retirada tendrá algo que ver con esto.

Me ha hecho gracia Sergio G. Sánchez, el guionista del Orfanato, desquitándose al recibir su premio y diciendo algo como que han premiado "la copia" de Los otros. Me ha gustado ver a Álex de la Iglesia dar el premio al mejor director, que últimamente sólo le llueven palos aunque Los Crímenes de Oxford triunfe en taquilla. He soltado un ¡toma! con Alberto San Juan, que en el discurso más brillante de la noche, ha deseado la desaparición de: "esa cosa llamada Conferencia Episcopal". Y he aplaudido cuando Abdelatif Abdeselam Hamed, ganador del Goya al mejor corto de ficción, ha dicho que le extrañaba oír su nombre y no ser cacheado.

Una gala más, de la noche del cine español, con sorpresa, sin grandes sobresaltos y con Pe y Bardem ausentes. Esperamos, ya, la del año que viene.

lunes, 21 de enero de 2008

Los Crímenes de Oxford, de Álex de la Iglesia

"Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo."
Ludwig Wittgenstein

Esta frase del filósofo vienés, curiosamente vinculado a Cambridge, viene a encajar perfectamente con la que es la película mejor rodada de Álex de la Iglesia, y también la que más se aleja del universo particular al que nos tiene acostumbrados el director bilbaino. Con una historia basada en la novela homónima de Guillermo Martínez, publicada en Destino, de la Iglesia acaba de estrenar su octavo largometraje, metiéndose de lleno en el cine de género, en este caso el thriller.

La historia es protagonizada por Elijah Wood (Martin) quien interpreta a un estudiante que va a completar su tesis a Oxford, buscando la tutela de John Hurt (Arthur Seldom), quien hace de eminencia filosófica. Ambos tienen puntos de vista divergentes sobre la filosofía, en cuanto a sí es posible expresar y comprender la realidad mediante el lenguaje matemático y filosófico. Tras un accidentado encuentro entre los dos, alumno y profesor se encuentran casualmente ante el cadáver de una anciana, amiga de Hurt y casera de Wood. A partir de ese momento deberán averiguar quien se esconde detrás de este asesinato, que en principio parece planteado como un enigma matemático a resolver, antes de que llegue la siguiente víctima.

Álex de la Iglesia, demuestra con este largometraje, que es capaz de abandonar su líneas de actuación habituales y acabar con nota una película internacional de amplio presupuesto. Técnicamente la cinta se acerca al sobresaliente, contando con algunas escenas, (el plano secuencia de presentación de los personajes) que rozan la perfección. Afortunadamente el desarrollo carece de esos tiempos muertos presentes en casi toda su filmografía, dotando a la historia de un buen ritmo.

Sin embargo la película tiene un par de problemas menores. La interacción del protagonista con los personajes secundarios no está del todo bien presentada, es como si sus relaciones avanzaran demasiado rápido y los espectadores nos quedáramos sin verlo. Otro aspecto negativo, y este es personal, es que la película tiene desenlace argumental explicativo. Es decir, al final de la película se resuelve el misterio a posteriori, explicándolo al estilo de las novelas de Agatha Christie. No es un final sorpresivo estilo Los Otros (afortunadamente) con lo que podremos ver la película las veces que queramos sin perder interés en la historia, ya que su fuerza no radica, únicamente, en su conclusión.

Supongo que alguien versado en filosofía y matemáticas avanzadas encontrará algún resquicio de error, pero para los espectadores neófitos en la materia no hay problema, todo, pese a lo escabroso del asunto, está bien explicado, resultando comprensible, cosa que ayuda en la implicación del espectador con la historia y los personajes.


(Los actores están correctos, sin sobresalir ni destacar negativamente unos sobre otros. Realmente el único papel de peso además de los dos protagonistas es el de la inglesa Julie Cox (Beth). La española Leonor Watling (Lorna) tampoco tiene mayor importancia interpretativa (por otra parte su personaje no da para más), pero su presencia física, espectacular, desborda la pantalla cada vez que aparece. Aunque suene vulgar es cierto: nunca un par de tetas estuvieron tan bien aprovechadas.

Ánimo a los lectores de La Aurora Moderna, a que si pueden verla en versión original, lo hagan. Más que nada porque es un placer escuchar un inglés tan perfecto y claro, especialmente de John Hurt, que por algo se titula The Oxford Murders.

Álex de la Iglesia no podía haber hecho mejor en su carrera que haber rodado esta película, disipa las dudas sobre su capacidad como cineasta (¿aun quedaba alguna tras la comunidad?), y sobre todo nos demuestra que llegará lo lejos que él quiera (o le dejen, supongo).

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Blog de Los Crímenes de Oxford, escrito por el propio director, Blasfemando en el Vórtice del Universo (como uno de los capítulos de Payasos en la Lavadora).

jueves, 17 de enero de 2008

miércoles, 16 de enero de 2008

Como no hacer una película o Michael Bay

La verdad no acabo de cogerle el gusto a hablar de cosas que detesto, pero ya que mi mujer tiene que aguantar mis ataques de ira mientras cenamos, también quiero haceos partícipes, queridos lectores, de los elementos que perturban mi tranquilidad.

El tipo de la foto es Michael Bay, y dicen que es director de cine. Antes de empezar, no confundamos los términos, no tengo nada en especial contra este tipo, no más, al menos, que contra los centenares de mediocres que acaban triunfando debido a la sublime adaptación que desarrollan en esta sociedad oligofrénica. El motivo de la presencia de este señor en La Aurora Moderna es que hoy mientras veía House, he cambiado en un intermedio y he comprobado que estaban echando Pearl Harbour, película de la cual es culpable este impresentable. Pero, ¿por qué?, ¿por qué Parl Harbour es pésima y pongamos, Tora! Tora! Tora! es cojonuda?, veámoslo a continuación.

No tengo estudios sobre cine, pero creo que de pasar con el autobús durante cuatro años por delante del ECAM se me pegó algo. Hablando en serio, lo que quiero decir, es que como cualquier espectador te acabas educando a base de ver mucho cine y leer algún que otro libro, y te das cuenta de como la forma exitosa de rodar hoy en día es, hablando claro, un puta mierda. Basta de rodeos y subterfugios y pasemos a destripar este horror que nos ocupa hoy.

La Segunda Guerra Mundial, al margen de consideraciones históricas, políticas y humanas, fue un acontecimiento de proporciones grotescas: millones de muertos, batallas con frentes de dos mil kilómetros, enfrentamientos con la tecnología más avanzada del momento puesta a prueba. Habéis pensado que se sentiría al sobrevolar la batalla de Midway y ver a doscientos barcos y cuatrocientos aviones destruyéndose mutuamente en medio del Pacífico. Bien, si te propones rodar un película situada en esta época, (y da igual que sea una cinta de entretenimiento), intenta al menos reflejar la gigantesca proporción de alguna forma. La peli de este señor tiene un largo y espectacular ataque a la base que da nombre a este bodrio, y ya. El resto son campos en flor, bellas e inmaculadas señoritas y fornidos muchachotes del medio oeste. No puedes, definitivamente, incluir planos de Sonrisas y Lágrimas en una cinta bélica. Mirad el siguiente fotograma de la reciente Cartas desde Iwo Jima y veréis lo que quiero decir con sentido de la proporción frente al tema tratado:

Un soldado japonés sale de la cueva donde están ocultos, recibiendo bombardeos durante horas, para algo tan real como sacar el cubo con las heces acumuladas. La cámara sube y se centra en su cara: estupor. Es la primera vez que ve al gigantesco enemigo de frente. Hay más cine en estos diez segundos de la película de Clint Eastwood que en toda la filmografía de Michael Bay.

Y hablando de filmografía, algo que comparte Pearl Harbour con Armageddon, otra de las del sello Bay, es la fotografía y el montaje. No he visto película en el que un plano dure menos en pantalla y además sin ningún tipo de justificación. Da igual que aparezca una escena de acción o un tópico atardecer romántico, el tiempo de plano es de dos o tres segundos. Así no hay forma de ver nada. Este tipo de montaje es apropiado para un vídeo musical, que dura a lo sumo cinco minutos, pero nunca para una película de dos horas. Por otro lado la cámara nunca está quieta, lo que hace que esté siempre presente. A ver, Michael Bay, de lo que se trata es que el espectador se olvide de que lo que está viendo ha sido rodado, que es mentira, y que detrás de los actores hay un equipo de cien personas, y tú, con tu continua presencia, se lo recuerdas a cada instante.

Para acabar, debería estar prohibido que en una misma película aparecieran conjuntamente Ben Affleck, Cuba Gooding Jr. y Alec Baldwin, es malo para la salud, aunque de esto las autoridades no advierten.

Lo que más me cabrea del tema es la presunta modernez de este tipo de cine. No se trata de reivindicar un tipo de cine frente a otro basándonos en criterios cronológicos. De lo que se trata es de reivindicar un tipo de cine bien hecho, o que al menos cumpla los patrones básicos que permiten verlo, más allá de cuestiones que hacen a una película sublime, como el guion, los actores o el sello personal del autor. Las películas del estilo Bay, e insisto, me meto con este por cuestiones circustanciales, no son modernas, si no desgraciadamente actuales, y tienen más que ver, a pesar de los millones invertidos en ellas, con el vídeo casero que con el cine.

miércoles, 26 de diciembre de 2007

Bill Murray, como te queremos.


Admito que este post carece de todo criterio cinematográfico, pero ya es hora que en La Aurora Moderna rindamos homenaje a uno de los actores que más nos gustan, el inigualable Bill Murray. Y que mejor para ello que hacer un repaso a sus mejores películas, o las que al menos en nuestro excelso criterio lo son, que para saber donde nació y esas cosas ya tenéis la wikipedia y el imdb.

Comenzamos con Meatballs, titulada en español Los incorregibles albóndigas. La dirigió en 1979 el eslovaco-canadiense Ivan Reitman, piedra angular de la filmografía de Bill Murray. La película tiene poco que rascar, fue un pretexto para sacar teenagers ligeras de ropa y chistes soeces, pero fue el primer papel de este comediante en la gran pantalla. Bill Murray llevaba desde el 77 en el Saturday Night Live, uno de los programas de variedades y humor de más longeva existencia en televisión y del que han salido la mayoría de los cómicos estadounidenses de cierto nombre. Y probablemente la época de inicio de este show, donde se dió a conocer nuestro homenajeado de hoy, fue la mejor, con tipos de la talla de John Belushi, Dan Aykroyd o el mejor-peor actor de todos los tiempos, Chevy Chase.
Saltamos un par de años a 1981, donde el amigo Bill protagoniza junto a Harold Ramis, el actor de comedia menos expresivo tras Buster Keaton, Stripes, (El Pelotón Chiflado) también de Reitman. De esta película, una de las clásicas para el sábado después de comer, de la cual está tomada la imagen del post, se pueden sacar dos cosas buenas. A saber, sale Sean Young y es el primer papel "murrayano" típico: fracasado, golfete, ligón e ingenioso a más no poder, pero un buen tio a pesar de todo.
Y llegamos al vórtice de la comedia de los 80, Ghostbusters, Cazafantasmas, una de las películas más divertidas que jamás se han rodado y que merece un post aparte que algún día escribiré. Por supuesto es de Ivan Reitman y junto a Murray están Dan Aykroyd, Harold Ramis, Sigourney Weaver y Rick Moranis, que en mi casa era conocido como "el chiquitín". Esta es una peli hecha por colegas y eso se nota en el buen rollo que hay entre los actores. El Dr. Peter Benkman, el personaje de Bill Murray, tiene algunas escenas gloriosas, pero yo me quedo con el dialogo que mantiene con la poseída Sigourney Weaver, a la cual, evidentemente acaba ligándose.
Los Ochenta continuaron con fuerza para este actor de incipientes entradas capilares: el remake de La tienda de los horrores, la recreación de Un cuento de Navidad de Dickens en el Wall Street de los yuppies, Scrooged, que aquí se tituló Los fantasmas atacan al jefe y la segunda parte de los cazafantasmas, donde Bill hizo bailar a la estatua de la libertad al ritmo de Jackie Wilson.
Con la llegada de los noventa la comedia norteamericana entró en coma, y se llevó por medio a la mayoría de directores y actores identificados con la anterior etapa. Bill Murray hizo su última comedia de éxito para el gran público, Groundhog Day, o Atrapado en el Tiempo, esta vez dirigida por su amiguete Harold Ramis en 1993. Esta imaginativa comedia, ahora de culto, tenía algo que sobraba, la sosa de Andie MacDowell y algo sencillo pero difícil de ver, una buena historia bien contada.
A partir de aquí Bill Murray, repliega velas y se empieza a dejar ver en otro tipo de películas, algo así como cuando Tony Leblanc se quitó el peluquín, pero a tiempo. Tiene un papel curioso en Ed Wood (94) y es el malo en Kingpin (96), la segunda peli de los Farrelly, una surrealista comedia ambientada en el juego ¿profesional? de los bolos.
Cuando Bill Murray parece destinado a ser carne de que paso con...?, el tío más salao de Hollywood da un nuevo giro a su carrera y consigue su primera nominación a los Oscars, ¿adivináis en cual?, eso es, Lost in Translation (2003) de Sofía Coppola. Por encima de lo que penséis sobre esta película y de "la hija" hay que reconocer que mola que nuestro fracasado preferido se ligue a la diosaza Scarlett Johansson, y lo mejor es que resultaba creíble.
Bill ha seguido haciendo de "si mismo" en papeles como el de la coral Coffe & Cigarrettes (2003), de Jim Jarmush, y protagonizando la excelente Flores Rotas (2003), del mismo director con pinta de vampiro con resaca, en la que hace de la contención y el patetismo un marca de distinción.
Este año que empieza le veremos en el remake de la televisiva Get Smart, y aun estáis a tiempo de cogerle en pantalla grande en la "bollywoodiense" The Darjeeling Limited. Un consejo para acabar, si no tenéis pareja y estáis buscando una (aunque sea para unas horas,... o minutos) ya sabéis en quien os tenéis que fijar para aprender el arte de seducir, nada de galanes o agentes secretos, vuestro tipo es él: Bill Murray.

viernes, 14 de diciembre de 2007

This is England, de Shane Meadows

He tenido la suerte de ir al preestreno de This is England del director inglés Sheane Meadows. Esta película llega con bastante retraso a España, ya que en UK se estrenó en Abril de este año y aquí llegará el 8 de Enero de 2008.

This is England es una historia que se desarrolla en el año 83, en Inglaterra, cuando el Reino Unido de Thatcher y la Argentina de Videla, estaban mandando a sus soldados a morir en las Malvinas, o Falklands en este caso. La peli trata sobre un chaval, Shaun, interpretado por Thomas Turgoose, que empieza a despertar a la adolescencia en una ciudad obrera inglesa. Como dice el cartel el verano del 83 fue un momento para permanecer alejado de la gente, y Shane, que ha perdido ha su padre en la guerra, no sigue precisamente este consejo. Poco a poco se acerca a un grupo de skinheads revivaleros, y sufre la transformación que parte de esta subcultura juvenil experimento en los ochenta.

En la cultura popular actual, formada casi en exclusividad por la tele, un Skinhead es un sinónimo de nazi y racista. En esta película se traza una imagen certera de la época, de la gente y de sus formas de vida, y los skinheads eran parte indisoluble de la Inglaterra de finales de los setenta, principios de los ochenta, junto a punks y mods. En principio los skins eran básicamente chavales ingleses de clase obrera, que a finales de los sesenta, empiezan a vestir como obreros (botas de ferroviario, camisas de cuadros Ben Sherman, tirantes...) y a juntarse con chicos jamaicanos llegados unos años antes de la colonia caribeña. Adoptan su música, el ska, el rocksteady y demás variantes reggae, siendo uno de los primeros ejemplos de melting cultural. Surgen como reacción ante el hippismo que lo inundaba todo, y que se había convertido en una moda insulsa para gente más acomodada. En la época en que se sitúa la película, una década y pico después, vuelven a resurgir, junto a otras contraculturas juveniles, en un mundo que ya no era el Reino Unido de los sesenta, si no un lugar mucho más duro y violento. En ese convulso momento, cuando se daban cifras de paro históricas, y la dama de hierro calificaba de terroristas a los mineros en huelga, un partido fascista inglés, el National Front, sembró la semilla del racismo en todos estos jóvenes desencantados y sin posibilidades, consciente de que tendría en las calles una fuerza de choque considerable.

El contexto de la película, This is England, circula sobre las lineas anteriores, y en parte sobre la vida real de su director, que fue uno de estos adolescentes jodidos y cabreados y ahora es uno de los directores ingleses que mejor retrata la vida, presente y pasada, de una Inglaterra que nada tiene que ver con las comedias románticas de la upper class.

He estado atento a las reacciones del público que veía el preestreno en el cine Callao, en Madrid, y deduzco que salvo un número pequeño de tipos con parka y patillas, la mayoría ni conocía nada sobre los skins ni sobre la película. Después de la presentación, y de unas breves palabras que ha dedicado al público el jóven actor protagonista, Thomas Turgoose, y la actriz, Jo Hartley, que hace de su madre, la película ha comenzado (en V.O. con subs.). La primera parte es estupenda, con una banda sonora brutal, con escenas graciosísimas y un clima general de buen rollo ante el descubrimiento de algo nuevo y fascinante, como es el encontrar acomodo a cierta edad en una pandilla, o como decían ellos, gang. La segunda parte es otra película, aunque bien enlazada con la primera, aparecen la violencia, el fascismo y la sangre. Mientras que el público reía, y mucho, al principio, al final no se oía ni un susurro. Interesante ejercicio el de este Meadows, el llevar a la gente hacía algo oscuro a base de risas y cierta situaciones inocentes, y cuando están con la guardia baja, asestarles un puñetazo en la base del estómago y dejarles sin aire. Y lo mejor de todo es que lo hace sin sensiblerías y sin moralinas.

Un pronóstico, esta película pasará desapercibida por el gran público, pero se convertirá, como ya lo está haciendo, en la Quadrophenia de la primera década del siglo XXI. Cuando acaben las navidades, si os gusta el cine social inglés, la buena música y las historias protagonizadas por gente de verdad ya sabéis que hay que ver, si no, siempre os quedará Hugh Grant.

jueves, 13 de diciembre de 2007

[REC], terror en perspectiva subjetiva

Hace unos días estuve viendo [REC] la película de terror dirigida por Jaume Balagueró y Paco Plaza.
La publicidad televisiva de esta producción española mostraba al público de una sala de cine aterido por las imágenes que estaban viendo. En este caso el anuncio no mentía.
El argumento de [REC] es sencillo. Una periodista y su cámara están haciendo un reportaje sobre el trabajo nocturno de los bomberos de Barcelona. Les acompañan en una salida rutinaria, para en principio, rescatar a una anciana que parece que se ha caído dentro de su casa y no puede abrir la puerta. Al llegar al piso de esta, los municipales ya han hecho presencia, al igual que los vecinos de la anciana. Hasta aquí todo normal, desde que abren la puerta de la casa todo adquiere un matiz mucho más siniestro.
[REC] es una película que tiene una misión, asustar, y la cumple a la perfección. Es de agradecer la falta de pretensiones, últimamente algunas películas que pretenden dar miedo podían emitirse en Cine de Barrio sin problemas. Esta historia no inventa nada, cumple bien los criterios del género: presentación de personajes, tensión mantenida, sustos efectistas pero bien ubicados, y un clímax final agobiante.
El aspecto estético está bien conseguido, y el rodaje cámara al hombro aporta verosimilitud y te introduce personalmente en unas estancias que se quedarían cortas para otro tipo de planos. De todas formas deduzco que hay mucho más trabajo del que parece en el rodaje subjetivo. Esto no es La bruja de Blair, el espectador no acaba mareado, y la cámara enfoca lo que se necesita en el momento justo.
Pero sin duda algo que sobresale es la localización. No me refiero a la ubicación en si de la historia, un bloque de vecinos antiguo, si no a que se desarrolla en un lugar reconocible por cualquier espectador nacional. La película fue rodada en Barcelona, pero podíamos situarla en cualquier barrio céntrico con casas antiguas de otra ciudad española. Y eso, a la hora de asustar, es un extra. Creo que la implicación emocional es mucho mayor aquí que si se hubiera rodado en Nueva York o Los Ángeles, que aunque existen, a fuerza de verlas tanto parece que se han convertido en algo irreal (incluso si las visitas).
[REC] ya ha superado en menos de un mes el millón de espectadores, e incluso va a tener su remake estadounidense Quarantined. Ya sabéis, si queréis evitar el subidón de azúcar típico de estas fechas esta película os servirá como antídoto.

miércoles, 28 de noviembre de 2007

Blade Runner, final cut


Hace un par de fines de semana tuve la suerte de poder ver en cine el montaje final de la película Blade Runner. Para los que rondamos la treintena existen multitud de grandes películas que sólo hemos podido ver en pantalla pequeña, películas que de una u otra forma han marcado nuestro imaginario colectivo. Este final cut, al menos, sirve para que muchos de nosotros podamos, por fin, ver en pantalla grande las tribulaciones del agente Deckard.

Sobre Blade Runner se ha escrito casi todo por lo que no voy entrar aquí a glosar las cualidades inherentes que tiene esta cinta, en todo caso, si alguien lee esto y por alguna razón nunca ha visto la película lo mejor que puede hacer es no perder un minuto en ponerse a ello. Si no le gusta mejor que se busque un entretenimiento diferente al del cine.

Este montaje final no aporta nada en sí a la historia. Lo más significativo es que elimina algunas escenas finales y poco más. Sin duda es una estrategia para relanzar una película que se rodó en 1982 y que mejoraba enormemente el libro de Philip K. Dick en el que estaba basada: "¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?.

La proyección a la que asistí en los cines Kinépolis, complejo gigante situado a las afueras de Madrid, se realizó en formato digital. Básicamente, y tal y como explicaban en un pequeño reportaje antes del comienzo de la película, lo que hacen es volcar el negativo "original" en un disco duro para que no perdiera calidad con el uso. No sé si por este sistema o por el lavado de cara técnico al que han sometido a Blade Runner, la película de Ridley Scott lucía envidiable, aunque supongo que algo tendrá que ver también la gigantesca pantalla, el sonido envolvente y la emoción de quien escribe esto.

miércoles, 14 de noviembre de 2007

lunes, 15 de octubre de 2007

El orfanato, cine manufacturado.


El Orfanato, película estrenada el pasado jueves 11 de Octubre, se ha situado en apenas cuatro días como la producción española más vista de la temporada, con un millón de espectadores. Sin duda, en un estreno muy reciente en el que el boca a boca aun no puede entrar en juego confluyen varios factores para lograr este rotundo éxito. La intensa campaña de publicidad de Telecinco, televisión productora, estar apadrinada por Guillermo del Toro, contar con la actriz protagonista, la conocida Belén Rueda, y sobre todo bascular en torno al terror, género que últimamente goza de buena salud en España, han dotado a esta película de los ingredientes necesarios para arrasar entre el público.
El orfanato es una película dirigida por el debutante Juan Antonio Bayona. La historia comienza cuando Laura (Belén Rueda) va a vivir con su marido y su hijo pequeño a una casa costera que sirvió como orfanato, en el que la protagonista vivió de pequeña antes de ser adoptada. Tiene como planes rehabilitarlo para que sirva como residencia a niños con discapacidades. Su hijo, Simón (Roger Príncep), es un niño de unos cinco años que continuamente fantasea con amigos invisibles. Ciertos sucesos poco usuales empiezan a preocupar a Laura que comentándolos con su marido son achacados a la desbocada imaginación del niño. La tragedia sucede, cuando en la fiesta de inauguración de la residencia, Simón desaparece y su madre Laura, es atacada por un extraño niño enmascarado. A partir de ahí la lucha de la madre por recuperar a su hijo, contra los escollos paranormales y la terrenal incompresión de los demás, será el camino por el que circula la trama.
Voy a dejar claro que nunca hubiera contado en la pequeña sinopsis de la película que el hijo del personaje de Belén Rueda desaparece, pero ya que a los productores no parece importarles dejarlo claro en el trailer, pues en la aurora moderna no íbamos a ser menos. La verdad es que el trailer es un resumen de la película de principio a fin (casi) por lo que recomiendo que no lo vean. Los trailers son adelantos que crean expectativas en el espectador, eso en teoría, porque ahora los destripan casi todo, aunque este es otro tema.
La producción que nos ocupa es técnicamente correcta, está bien ambientada, los actores cumplen (en especial el niño), y el guión, escrito por Sergio G. Sánchez resiste sin demasiados problemas las casi dos horas de metraje. En este último aspecto si es cierto que si la cinta durara veinte minutos menos y las transiciones de situación fueran más suaves tampoco pasaría nada, al igual que algún personaje siniestro que queda algo descolgado y no se aprovecha apenas.
El aspecto de la historia que más me gustó es el homenaje (¿?) a Poltergeist, con la que comparte desaparición infantil y en la que Geraldine Chaplin hace de médium aconseja a la madre sobre el proceloso mundo de los fenómenos paranormales.
El problema de El Orfanato es que veo demasiado claros los engranajes que sustentan todo, como una figura animatrónica, de esas que colocan en los parques de atracciones, que estuviera lograda pero a la que se le vieran los cables. En esta película todo es obvio, todo lo que el espectador piensa que va a pasar, pasará. Por supuesto están los sustos efectistas, esos en los que no tienes más remedio que gritar, al igual que cuando ves acercarse un objeto muy rápido cierras los ojos por mero instinto. Y estos sustos están graciosos, como la montaña rusa, pero se olvidan tan rápido como han venido.
Esta película cuenta con final sorpresivo, como El Sexto Sentido o Los Otros, por ejemplo. Parece que el director o el guionista nunca leyeron "El cine según Hitchcock", en el que el inglés dejaba bien clarito a Truffaut la diferencia entre suspense y sorpresa. Entre otras cosas, las películas con sorpresa admiten como mucho un visionado, o a lo sumo dos. Son como un juguete de esos que das cuerda a un cubo y sale un payaso o algo grotesco del interior, hace gracia un rato, luego se manda al trastero.
A donde han mandado esta película ha sido a los Oscars, y el público al top de recaudación. Todo lo malo que he dicho antes me parece un debe para la película, pero ahora, casi toda la industria cinematográfica lo ve como un acierto. Esta me parece una película manufacturada, como una lata de sardinas. Es como si todos y cada uno de sus segundos estuvieran pensados por un consejo de marketing para lograr unos resultados. La cuestión es que estas películas, ganen o no el Oscar, acaban siendo mandadas al trastero como un juguete usado y sin gracia. Las películas que se recuerdan en el ámbito del terror y el suspense son aquellas que asustan a la gente no con artificios, si no aludiendo a los ámbitos mas recónditos del ser humano, esos a donde casi ninguno queremos ir.