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domingo, 4 de mayo de 2008

Lugares Abandonados


Cuando te juntas con amigos en algún chino, o a tomar algo tranquilamente en casa, acabas hablando de decenas de temas. Al día siguiente recuerdas algún retazo de una tema concreto y te preguntas como llegaste ahí, si empezaste a hablar a las diez sobre tal grupo de música como es que a las doce estabas comentando el origen de los cuentos infantiles dieciochescos.

Con internet ocurre algo parecido, llegas a lugares sin ser capaz de trazar el camino recorrido, y normalmente haces de esta forma los descubrimientos más interesantes. El otro día me topé con un blog bastante curioso que trata una no menos curiosa afición. Su nombre es Abandonalia.

Al parecer existen aficionados a descubrir, visitar y de alguna forma catalogar lugares abandonados. El propietario de este blog, en marcha desde 2006, va anotando sus viajes y descubrimientos a estos parajes olvidados, además como pueden ver en la foto de arriba lo ilustra con imágenes muy bien tomadas.

¿Cuáles son estos lugares?, pues casi cualquier construcción propia de la sociedad del siglo XX: Sanatorios, fábricas, hoteles, estaciones de tren, gasolineras, construcciones militares, y en definitiva cualquier cosa que resista en pie el paso del tiempo y de los gamberros. Es curioso porque existe un "código" entre estos aficionados que les lleva a visitar estos lugares sin intervenir en ellos, es decir, procurar dejar todo como estaba cuando llegaron. Visitando el blog, que cuenta con un número apreciable de entradas, es interesante ver todo los que la sociedad industrial, y más tarde la de consumo, se han ido dejando en el camino, olvidadas, como advirtiéndonos de cual puede ser el futuro de cuanto nos rodea.

lunes, 11 de febrero de 2008

Sakura, la flor del cerezo, 桜

Pincha en la foto para verla más grande

Sakura, el nombre que recibe en Japón la flor del cerezo, y uno de los espectáculos naturales más hermosos que he visto. La foto está tomada en el paseo de acceso al Ninnaji, un templo situado al noroeste de Kyoto, en Abril del pasado año.

viernes, 30 de noviembre de 2007

El sótano romano del British Museum

El British Museum de Londres es uno de esos lugares de visita obligada al menos una vez en la vida. Es significativo que un museo que lleva por nombre británico, sea una de las mayores colecciones de arte y antigüedades fuera de los países de origen de estas, cosas del imperialismo decimonónico, bastante nocivo para el patrimonio cultural de las colonias, pero más que cómodo para el turismo actual (nótese la ironía).

Este museo es un gigante, tanto por su tamaño, como por el número de las piezas de su colección, que incluye a Egipto, Mesopotamia, Grecia y Roma, entre otras.El edificio, en estilo neoclásico de mediados del siglo XVIII, da la bienvenida al visitante amparándose en una sobriedad matemática. El patio del museo se encuentra coronado por una cúpula traslúcida contemporánea, realizada por Norman Foster en 1998, siendo unos de los espacios cubiertos más grandes de Europa. En medio de este patio se encuentra la biblioteca del museo, de planta circular y a la que recomiendo visitar, ya que aunque no es parte de la colección del museo en sí, recuerda, al menos a mí, a uno de esos espacios donde tendrían cabida alguno de los personajes de La Liga de los Caballeros Extraordinarios.

La primera vez que visité este museo fue en Agosto, época en la que Londres hierve de turistas, y este lugar, pese a no ser el Big Ben o Buckingham Palace, suele estar atestado de gente. En el periplo que mantuve por sus salas acabé perdiéndome en un sótano de particular extrañeza, y que da título a esta anotación.

Recuerdo que cuando era pequeño había una tienda cerca de mi casa en la que vendían lámparas y figuras de todo tipo, desde fuentes de aceite hasta jarrones de porcelana. El par de veces que entre en este comercio siendo un niño quedé estupefacto ante lo recargado del ambiente, la gran cantidad de objetos diversos que se agolpaban allí, y que casi creaban pequeños caminos por donde transitar. Esta sala, en uno de los sótanos de este museo, es algo parecido, salvo por la ubicación, no es lo mismo "la peri" que Londres, y por la naturaleza de las piezas expuestas, evidentemente.

En esta sala, llamémosla el sótano de escultura romana, se exponen tal cantidad de objetos y piezas que da la sensación de no estar en un museo, además, como no está en el itinerario oficial no tiene demasiados visitantes, por lo te entran ganas de coger algo para que te lo cobre el bedel de este espacio. Después de estar un par de horas oyendo el murmullo incesante de los turistas, el silencio de este lugar se acrecentaba, quizás por eso, y por lo accesible de las piezas, me llamaron la atención un par de detalles. El primero la humanidad de los bustos, la expresividad tan marcada de cada uno. El segundo, la heterogeneidad de las facciones representadas. Todos los rostros eran diferentes, casi te atrevías a dar un lugar de procedencia del individuo. La mayoría no eran grandes hombres romanos, si no sobre todo cargos medios y comerciantes acaudalados que se podían permitir su paso al mármol, por lo que parece aceptable suponer que podían ser de cualquier provincia del imperio.

Si os pasáis por Londres y decidís incluir el Museo Británico entre vuestros lugares de visita, acordaos de La aurora moderna y buscad el sótano de escultura romana. No son los frisos del Partenón, pero pasaréis un rato interesante, e incluso, puede que como me pasó a mí, descubráis alguna cara que os parezca muy familiar.

martes, 6 de noviembre de 2007

El Ginkakuji y el Espacio-Tiempo


La foto está tomada en Abril de este año, y en ella se ve el karesansui o jardín de arena zen del Ginkaku-ji o Templo del Pabellón de plata. Fue construido en Kyoto, Japón, en torno al año 1482 por el Shogún Ashikaga Yoshimasa como lugar de retiro en la montañas que circundan la ciudad. Tras su muerte, en el año 1490, la casa de retiro se transformó en templo zen. Toma su nombre de un hipotético recubrimiento de plata que nunca llegó a producirse. Por oposición al opulento Kinkaku-ji o Templo del Pabellón de Oro, edificado casi cien años antes, el pabellón de plata sería más reducido, pero también infinitamente más armonioso e integrado con el entorno. Los criterios estéticos y filosóficos de este tipo de construcciones provienen de un par de conceptos básicos, el Yugen (simplicidad elegante) y el Yohaku no bi (la belleza del vacío).



Supongo que hay lugares que tienen un atractivo inherente, y aunque la palabra atractivo está bastante manoseada, creo que para este caso nos podría valer. Lo inaudito surge cuando esos lugares se combinan con un momento determinado, como una proposición de espacio y tiempo únicos, y unidos indivisiblemente a un observador.

Yo tuve la suerte de estar en una de esas encrucijadas, en uno de esos nudos en los que las cuerdas se tensan y toman otra dirección, obligándote a seguirlas como una gota de agua deslizándose por una cadena de metal.

Precisamente la meteorología es un factor ineludible en esta ecuación estética y personal. Mis recuerdos, vivencias y percepciones se ven afectados por las condiciones atmosféricas tanto como estas son afectadas por la incertidumbre. No vivo los lugares de la misma forma con una luz obscena de verano que con una tenue incandescencia primaveral. El punto de choque en mi caso es la luz, aunque la temperatura, la humedad, el viento o la meteorología personal, como el cansancio o la falta de sueño, también tienen su papel en la impresión del momento y el lugar.

En este caso tengo recuerdos aislados de la quietud del lugar, del sonido de la leve lluvia sobre el paraguas de colores de 300 yenes y del susurro de las pisadas sobre la gruesa arena mojada. Me llamaron la atención individualmente la disminución inmediata de mi ansiedad, el frío lento y húmedo que entraba por mi cazadora de cuero marrón y la silenciosa comunicación que establecí con ella.

Pero el recuerdo que tengo ahora, el recuerdo que tuve nada más abandonar el Ginkakuji, estaba constituido no solamente por retazos particulares y sensaciones dispersas. Este recuerdo estaba conformado por la impresión de un momento en un lugar, de un pulso y una vibración que se extendía en el terreno y en el tiempo.

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La información histórica y artística sobre el Ginkakuji y el Karesansui, las he sacado de la Japan-Guide y el artículo de wikipedia sobre los jardines japoneses de arena.

Si queréis saber la ubicación aproximada desde donde tome las fotos podéis abrir este fichero .kmz que os llevará en Google Earth al sitio del que hablo.

Las impresiones son mías, y hasta que no inventen un sistema de descarga para recuerdos, os las transmito vía palabra.