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martes, 2 de noviembre de 2010

El concierto

Salgo del trabajo con ansiedad, con una palpitación de que la noche va a ser grande, de las de encontrarse con todos, saludar, observar, tocar por atrás ese hombro de alguien que no ves hace tiempo y con quien te gustaría hablar más que esos cinco minutos acelerados que da la situación.

Llego al previo, en un bar de los que nos gustan, de los que aún no han sucumbido a esa estética del prefabricado temático, de los de servilleta con saludo y botellín frío con aperitivo grasiento pero delicioso. Las motos, aparcadas en la puerta, la gente hablando en grupos, planificando, riendo como si las horas de trabajo (o paro) o los problemas personales hubieran quedado atrás. Estoy respondiendo ya a dos a la vez, escuchando historias increíbles sobre fines de semana en Cuenca con setecientas mil pesetas. Porque eso es lo que mola, que en un momento cambias de década. Aquí no importa de donde venimos, nuestra edad o la fecha del DNI, aquí lo que importa es estar, y en esta estamos casi todos.

La noche va avanzando conforme vamos andando por la atestada calle, levantando esas miradas absurdas de incredulidad, zafios comentarios de humorista de programa de variedades, chanzas de comedia costumbrista. La respuesta es la displicencia, la arrogancia, el desprecio. Cuando se recuperan están viendo las chaquetas moverse a lo lejos, y los sonidos de nuestros zapatos aplaudiendo sobre el adoquinado.

Los más musiqueros entran a la sala a ver a lo teloneros. Otros seguimos en otro bar de los de reforma pendiente inclinando los tercios, las copas, ya en pequeños grupos, confesando las maldades, las obsesiones, las decisiones que se toman cuando la esperanza es sustituida por la derrota. Un golpe en el hombro, un abrazo de los de romperte la clavícula, no contemplamos perder, no nos lo merecemos.

La velocidad ya está presente y nos situamos ante el escenario, vacío, esperando a comenzar la actuación. Los últimos saludos (nos pasamos las noches saludando), las últimas miradas antes de dar comienzo la batalla. Salen al escenario, un aplauso breve, y de ahí hasta el final, hasta que las gargantas no pueden más y los brazos se alzan, puño cerrado en alto, marcando un extraño ritmo de unidad y acción. Hay de todo, pero sobre todo hay felicidad, entusiasmo, volver a ser los protagonistas por un rato. Es una de las cosas que ocurren en estos conciertos de trescientas personas, con el grupo elevado un metro del suelo, con tres músicos sin alardes tecnológicos. Al final importa tanto el que toca como el que ve. Aquí no hay reverencia, hay admiración, hay sorpresa y entusiasmo, hay aplausos por ambas partes y unas ganas imposibles de que ésto no se acabe nunca.

Las canciones van desplegándose como muestras personales de lo que cada uno sentimos, y vuelven como del pasado, estando vivas y pareciendo haber sido escritas hace un rato. Chascamos los dedos mientras que paseamos por Kings Road, nos dejan varias chicas y conocemos a otras cuantas, y nos quedamos maravillados por Steff, vemos juntos el lugar donde vivíamos. Las americanas se retuercen y los peinados se destructuran, nos ponemos tristes al ver que es finales de Septiembre (yo más que nadie), y nos psicodelizamos pensando en el mañana. Y gritamos, abrazados, como si realmente nos fuera la vida en ello, que este mundo sigue siendo un mundo Mod.

Al menos para nosotros.

La foto es de Fernando Beat del Rio, redactor de Muzikalia, retratista de chavales de treinta y pico, y habitual de cualquier sitio donde esté la acción. Gracias, sobran las palabras.

martes, 20 de octubre de 2009

El blanco y negro y el jazz

Creo que nací en una época equivocada. Intuyo que hubo un momento en el que todo parecía tener importancia, en el que las cosas no daban igual, y en el que la diferencia entre lo que era interesante y lo que era prescindible, era tan grande como una brecha abierta en la tierra por un río de proporciones continentales.
Lo sé cuando escucho a Billie Holiday en algún recopilatorio de la Atlantic, con una producción tan elegante que pienso que el disco debería venir envuelto en una funda a medida hecha con mohaire. Oigo la voz de esta mujer, y más allá de enciclopedismos musicales, de aficiones pasajeras, lo que percibo es contenido.
Quien canta tiene que tener algo que decir, y no me refiero a un mensaje explicito, si no a un interés vital que se acaba marcando en las notas que salen de su garganta. No es un producto ensamblado en un laboratorio por técnicos en el arte de vender, es carne, humo, dificultades, entereza y abnegación. Es la vida hecha música.
Pienso que tenemos la suerte de que en esos momentos había fotógrafos dispuestos a pintar los cuadros del siglo XX, a recoger con su cámara en un sólo momento, practicando un decó inverso, tantas horas de esa gente que sólo tenía su música para hacerse valer. Uno de ellos fue Herman Leonard, quien capturó imágenes en las noches del Mahattan de los cincuenta, en el que era normal poder ver cada semana a Dizzie Gillespie, Charlie Parker, o Duke Ellington enseñando a los que no se acostaban pronto que era aquello llamado La Música.
Y por encima de consideraciones fotográficas, la gran diferencia entre un retratista de las fiestas del Upper East Side y de este fotógrafo era estar. Estar en los sitios en los que sucedía la vida carente de sucedáneos, alejada de las componendas, las sonrisas de plástico y los tipos de gesto adusto con más dinero que educación.
Hoy me cuesta encontrar esas fotos y esos lugares, pero sobre todo me cuesta encontrar a gente, de esa que se denomina creativa, que sepa cual es la diferencia entre el sabor de un whisky sólo y un combinado de bebida energética, entre un button-down y una camiseta arrugada de 200 euros, y entre que las cosas tienen importancia, más allá del dinero que generen, por lo que significan en realidad.

jueves, 3 de septiembre de 2009

Mr. Commuter y la felicidad verdadera.


No te atrevas a salirte de la linea, tienes un futuro asegurado, de casa, comodidades y aburrimiento. Domingos por la tarde recibiendo a los vecinos, tomando un café, hablando de las últimas obviedades que la televisión ha vomitado.

La rutina es como el tren de todas las mañanas, como esos tipos de bostezo prolongado que se sientan enfrente de tu cara. Es algo pegajoso, pero a la vez presuntamente agradable por su amable placidez.

Ya no recuerdas cuando fue la última vez que sacaste los pies del tiesto, quizá en aquella cena de empresa en navidad, en la que te permitiste una copa y alguna mirada al escote de tu compañera de cafés en la máquina. Fue un atrevimiento pactado, te conformas con imaginarte, en esos momentos impensables en la misa del domingo, que podías haber llegado algo más lejos. Pero sabías donde estaba tu sitio y el de todos.

La ley está hecha para ser respetada, el lugar común para ser glosado, la tradición para ser venerada. El centro comercial para ser visitado el sábado por la tarde.

Sientes esa extraña emoción cuando las puertas de cristal se abren solas, un cosquilleo te recorre el cuerpo, y te obliga a sacar esa tarjetita verde con la que compras el sucedáneo de emociones empaquetas, listas para ser usadas, sólo tres minutos en el microondas.

Berlina familiar pagada en cinco años, depresión marital compensada con ansiolíticos (las visitas al psiquiatra de tu mujer desgravan en hacienda), hijo presunta promesa de nada, zapatillas de plomo que te mantienen pegado al suelo con seguridad, nunca se sabe cuando puede haber un terremoto, y tu eres precavido, sobre todo precavido.

El mundo está lleno de amenazas, pero siempre está la alarma, el perro ladrando que te protegen. Siempre está esa gente rara, de costumbres raras, con ropas raras y con miradas más raras aun, casi amenazadoras en su orgullo y autosuficiencia. Seguro que se drogan.

Mañana volverá a salir el sol, sonará el despertador y la cuchilla estará brillando sobre el lavabo. El café cortito de café en el bar, junto a la columna impresa de odio matemáticamente trazado. Da gusto oír a los pájaros, las excavadoras y esa moto tronante, todo va como debería de ir. Entras a la oficina, y tu jefe, ese hombre siempre dispuesto a tener un gesto de aliento te mira condescendiente. Y te sientes bien.

Al fin y al cabo, quien querría cambiar cuando se es tan sinceramente feliz.

(Giorgo Birdman, mod capitalino e inquieto danzante de Northern, ha tenido el buen gusto de subir el temazo de Mike Proctor a youtube)

viernes, 3 de julio de 2009

Northern en La Dinamo

Extracto de un interesante e introductorio artículo sobre Northern Soul aparecido en el número de verano de la revista La Dinamo:

LDNM: Con la perspectiva que dan los años ¿Que crees que fue lo más importante del movimiento?

Pol O´Maoleoin: Lo más importante fue que, al estar fuera del alcance de los medios de comunicación y de la escena londinense, se mantuvo el control y nunca fue desvirtuado por las grandes compañías discográficas. Muchos movimientos, como el punk, fueron estrangulados hasta la muerte por la industria musical, que buscaba hacer dinero rápido. Fuera de Londres, aquellos chicos tuvieron tiempo de desarrollar la escena por sí mismos. Se trataba de pasión, no de dinero, y cuando crecieron lo suficiente como para atraer la atención de la industria, ya le habían dado forma y dirección. Me encanta eso. La industria musical (¡escupo en su cara!) jamás ha sido capaz de establecerse en nuestro movimiento, aparte de unas pocas recopilaciones, y hasta el día de hoy todo sigue en nuestras manos.

jueves, 2 de julio de 2009

Al final teníamos razón


El saltador de trampolín se dispone a lanzarse al vacío. Cierra los ojos, tensa los músculos, deja su mente en blanco antes del momento, y recuerda que es lo que le ha llevado hasta ahí.

Es posible que a mi me pase algo parecido, ante el gran salto pienso de donde vengo, y que es lo que me ha hecho como soy. Sin exagerar, creo que una de las partes más fundamentales de la vida de una persona son los discos que ha escuchado, los libros que ha leído, las películas que ha visto, y esto es lo único que sabes que no te va a fallar, lo único a lo que asirse en los momentos difíciles.

Siguiendo esa ruta trazada por uno mismo, el azar o la gente que te rodea, me acuerdo de Earth Angel, la canción originalmente grabada por The Penguins en 1954, pero que yo, como supongo la mayoría, escuche por primera vez en esta versión realizada por un grupo inventado para la película Regreso al Futuro.

La escena en que Marty McFly, el chico del salvavidas por chaqueta, toca la guitarra junto a ellos, es una de las mejores de la trilogía de Zemeckis. Todo pende de un hilo, si sus padres no se besan en el baile del encantamiento bajo el mar, él desaparecerá a causa de una paradoja temporal. Todos hemos visto la película una y mil veces, sabemos que acaba bien, pero cuando el protagonista apenas puede sostener la guitarra y encajar un acorde, aun tememos por su suerte. Al final, y coincidiendo con la entrada de los violines, el asustadizo George McFly besa a Lorraine y todo vuelve a su cauce. Es en ese momento cuando casi nos levantamos y aplaudimos y agitamos los brazos en plan deportista exhausto que cruza la meta.

La canción siempre me gustó, pero hubo un tiempo que no lo podía reconocer. Como decir a tus amigos adolescentes que algo de hace cincuenta años te parece estupendo, y además, algo que habla de puro y simple amor. Inadmisible. Para decirte lo que había que oír ya estaban los cuarenta criminales, buque insignia de referencia para los supuestos chicos-en-la-onda de aquel entonces (hoy ya ni eso, están los politonos). Además el cinismo dominante, el nada importa y el todo es mentira, hacían, hacen, imposible declararse pasional, entregado y conmovido.

Supongo, sé, que el vacío a un chico de once años le duele, el sentirse fuera de lugar, absoluta y totalmente ajeno al mundo donde vive. Por eso es agradable mirar atrás con ira y ver que al final ellos eran los que estaban equivocados, ellos eran los que ahora llevan vidas comunes, tristes y desapasionadas. Vidas de esas que no duelen porque siempre están en la misma linea, no como otras, en las que se reciben fuertes golpes por haber subido muy alto.

Al final teníamos razón, por eso, la próxima vez que regalen, recomienden o rueguen a alguien querido que lea, escuche o vea algo que les ha marcado sepan que le están haciendo el favor más grande de su vida.

martes, 12 de mayo de 2009

Fallece Antonio Vega


Muere el músico madrileño a los 51 años de edad.

Los buenos siempre perdemos, por eso cuando ganemos será grandioso.

lunes, 11 de mayo de 2009

Arthur Brown en los Monegros

Los organizadores del festival / muestra artístico-rural, estoesloquehay (San Juan del Flumen, Huesca, 19-21 junio 2009), nos mandan esta interesante información sobre su evento y la actuación de Arthur Brown:

Arthur Brown es uno de los artistas más impactantes de los años sesenta y setenta, considerado uno de los pioneros del shock rock y del rock progresivo y psicodélico. Este cantante inglés consiguió alzarse en las listas en pleno 1968, el año del verano del amor, gracias a sus pegadizos singles y a una puesta en escena única que creó escuela.

Su iniciático álbum “The Crazy World Of Arthur Brown” dejó de piedra a una audiencia que estaba en pleno viaje floral producido por todo el movimiento hippy. Mientras muchas otras propuestas de la época hablaban de amor, paz y flores, Brown dejaba clara su postura afirmando aquello de “soy el dios del fuego infernal y te traigo fuego”. Brown comienza a adquirir una fama en directo debido a sus chocantes interpretaciones, llenas de teatralidad y provocación, en las que solía salir a escena con un casco llameante, o incluso desnudo, lo que le acarreó algunos problemas con la justicia en aquellos años.

Brown lideró el movimiento psicodélico británico e influyó de forma considerable en sus amigos Jimi Hendrix, Pete Townshend de The Who, o Mick Jagger. En aquel tiempo, giró con The Doors, Janis Joplin, Jefferson Airplane, Blue Cheer, Iron Butterfly, Ten Years After o Ginger Baker. Todos ellos alucinaron con el camaleónico artista y aprendieron de él que la teatralidad puede ser un ingrediente más de la música.

En lo artístico, Arthur Brown es un crisol de tendencias y personalidades, en muchas de las cuales es un pionero: Su mirada intensa sobre el blues y el soul le sitúan al mismo nivel que Captain Beefheart o Van Morrison. Cuando canta en los tonos graves recuerda a Frank Zappa, en los medios a Scott Walker y en los agudos es el padre del heavy: una mezcla entre Ian Gillan y Ozzy. En el escenario, su vena histriónica le pone en contacto directo con Screamin’ Jay Hawkins y Lord Stutch (su puesta en escena inspirará a Alice Cooper). Sus ritmos groove y la presencia del órgano hammond tocado por su compañero Vincent Cramer, coloca a The Crazy World en la liga de Brian Auger o Alan Price. Y su voz susurrada cuando declama alguna de sus letras y poemas sobre una intro cabaretera, “Fanfare: Fire (Poem)“, es el anticipo del propio Jim Morrison. Más adelante bandas como The Sex Pistols, Marilyn Manson o The Prodigy reconocieron tambien su influencia. Todo un “fenómeno” (temática de la séptima edición de la muestra) que ofrecerá con su banda en San Juan del Flumen (Huesca) un único concierto en España y en exclusiva para el festival ‘Estoesloquehay’.

*Cierre de programación*

En los próximos días se cerrará el resto de la programación artística de Estoesloquehay. Esta muestra artística rural, única en España, llevará distintas manifestaciones de la cultura contemporánea más heterodoxa a esta localidad altoaragonesa de los Monegros entre los días 19 al 21 de junio de 2009.

Hasta el 10 de mayo continúa abierto el plazo de recepción de inscripciones a través de la web www.estoesloquehay.com para todos aquellos artistas que quieran participar tanto en la exposición colectiva como en las actuaciones que transformarán la vida del pueblo durante tres intensas jornadas de verano.

San Juan del Flumen, está situado en las inmediaciones de Sariñena, en el magnífico marco natural de los Monegros. Esta localidad se localiza a unos sesenta km. tanto de la capital oscense como de Zaragoza.
Esta muestra itinerante se desplaza cada año a una localidad diferente del Alto Aragón, celebrándose en ediciones anteriores en Riglos, Albero Bajo, Salillas, Pomar de Cinca, Salas Altas y Sesué. Estoesloquehay mantiene su carácter multidisciplinar, su vocación de evento dinamizador de la vida social y cultural de los pueblos del Alto Aragón, y ha evolucionado ofreciendo en su programa un amplio abanico de actividades gratuitas para todos los públicos: exposiciones repartidas por la localidad, proyecciones, actuaciones nacionales e internacionales con figuras de primerísima línea, así como otras actividades que han consolidado el festival como una de las propuestas más interesantes y sorprendentes del calendario cultural aragonés.
Estoesloquehay está organizado por Grupo Andante, una asociación cultural oscense que tiene como objetivo la realización y difusión de muestras multidisciplinares, producciones de espectáculos y montajes de exposiciones en entornos alejados de los circuitos culturales habituales. La dirección y coordinación de la muestra está a cargo del creativo y gestor cultural oscense Pablo Pérez Terré. Estoesloquehay 7ª Edición está patrocinada por el departamento de Educación, Cultura y Deporte del Gobierno de Aragón, el Ayuntamiento de Sariñena, la Comarca de los Monegros y la Diputación Provincial de Huesca, y cuenta con la colaboración entre otros del Festival de Cine de Huesca, Ambar y la Fundación Anselmo Pié.

jueves, 7 de mayo de 2009

Mods Mayday, 30 años

Para los no iniciados en la cosa modernista, el Mods Mayday es la grabación del concierto Mods Monday, celebrado en un oscuro y desaparecido pub del East End londinense (Bridge House) el 7 de Mayo de 1979. En el intervinieron los Purple Hearts Secret Affair como cabezas de cartel, Merton Parkas, Small Hours, Mods (estos se quedaron calvos de pensar el nombre), Beggar y Squire.

Este concierto se considera de una u otra forma la confirmación oficial de que en la Inglaterra de finales de los 70 la contracultura mod había vuelto a las calles, y sin ser aun masiva, ya había salido de las catacumbas en las que había estado desde mediados de la anterior década.

Si les interesa esta grabación no es difícil de conseguir, ya que está editada en CD, reeditada en LP y del album original circulan todavía un número considerable de copias. El sonido no es precisamente cristalino, y los grupos no son unos adalides del virtuosismo, pero es que de eso se trataba, de un concierto de juliganeo y puño en alto coreando los temas.

El revival es el palo pobre de la escena, pero nos guste o no, y a algunos les aterra, todos somos hijos suyos. Si hoy hay gente interesada en oscuros solistas de early soul es porque hace treinta años estos chicos cogieron sus guitarras y reinterpretaron en clave new-wave los sonidos más básicos de los sesenta. A este resurgir le llovieron palos por todos lados: prensa musical inglesa, el lado más arty, oscuro e intelectual de la nueva ola, palos de verdad por parte de Skins y Punks. Pero los más fuertes los recibió años después por parte de los propios tipos que habían descubierto que era un traje de tres botones gracias al in the city, presuntos faces avergonzados de su pasado.

Una efeméride es una oportunidad más para descubrir esta deslumbrante y fugaz época. En estos últimos meses han aparecido varios libros sobre el resurgir modernista, Historia de un renacer (Lenoir), de Robert Abellá, y Ahora, no mañana (Milenio), de Pablo Martínez Vaquero, centrado en el interesante periodo inicial de la escena española, son algunos de ellos. Ah!, y por supuesto no se olviden de visitar El Sonido de 1979, probablemente la guía definitiva para entender el momento en el que los chicos del abrigo verde volvieron a mandar en las calles de Londres.

jueves, 30 de abril de 2009

This time tomorrow - The Kinks


This time tomorrow where will we be
On a spaceship somewhere sailing across an empty sea
This time tomorrow what will we know
Well we still be here watching an in-flight movie show
I'll leave the sun behind me and watch the clouds as they sadly pass me by
Seven miles below me I can see the world and it ain't so big at all
This time tomorrow what will we see
Field full of houses, endless rows of crowded streets
I don't where I'm going, I don't want to see
I feel the world below me looking up at me
Leave the sun behind me, and watch the clouds as they sadly pass me by
And I'm in perpetual motion and the world below doesn't matter much to me
This time tomorrow where will we be
On a spaceship somewhere sailing across any empty sea
This time tomorrow, this time tomorrow

lunes, 23 de marzo de 2009

London - Noonday Underground


Tengo un problema habitual, y es la cantidad de música que voy dejando olvidada por cualquier parte. Polvorientos cd´s y megas en oscuras carpetas. La mayoría lo merece, si está olvidada es porque casi seguro que en el fondo no me acabó de convencer.

Aun así hay veces que por casualidad me encuentro con discos que hacía años que no escuchaba, y que en su momento los saque brillo de tanto girarlos. Uno de estos discos es Self Assembly el primer trabajo de Noonday Underground.

Este proyecto, de nombre tan Tom Wolfe, es la creación de Simon Dine, ex- adventures in stereo. y productor de los últimos discos de Paul Weller . Setanta Records, sello de los tremendos Divine Comedy, lanzó el primer artefacto sonoro de este curioso combo a comienzos de siglo, año 2000, captando la atención de los sectores más abiertos de la música mod-erna.

La otra parte de la pareja era Daisy Martey, que en este single, London, me recuerda ineludiblemente a Julie Driscoll. Este tema es el mejor del disco, con video grabado en un club de northern soul de la capital británica, escena que no le era ajena a Dine.

La mayor debilidad de este trabajo es precisamente su marca de la casa, el sampler. Supongo que para oyentes más avezados en los sonidos más contemporaneos del pop esto será más o menos normal, pero a mi este exceso de artificialidad me acaba cansando. Sí creo, por contra, que este disco merece la pena: toques northern, repetición lisérgica, voces profundamente soul, sonidos orientalizantes, swinging london del 2000. Aquí la mezcla si funciona, porque se hace con criterio, y sobre todo porque sigue una línea argumental lógica.

Noonday Underground continúa hoy vivo, pero no me preguntéis porque desconozco su posterior evolución, más allá de Surface Noise (2002), más west-coast y con intervención del modfather en uno de los temas.

domingo, 1 de marzo de 2009

I Rockers vs Mods Madrid

Hermosas damiselas discutiendo sus diferencias desde el respeto

No sé muy bien como escribir esta entrada, en el sentido de si ponerme trascendente o simplemente festivo.

La prensa y la estulticia humana hicieron mucho daño a las contraculturas urbanas. Cuando el fenómeno mod se masificó a mediados de los sesenta, y miríadas de chavales conducían sus scooters de Londres a la costa sur británica, los enfrentamientos con los rockers tomaron trascendencia en la prensa de la época. Los césares de la basura, así les denominaron, causaron conmoción a la anquilosada sociedad británica. Eran los tiempos en los que parecía que los chicos del modern jazz estuvieran tomando el país.

Estos sucesos se recrearon en Quadrophenia, adaptación al cine de la ópera rock de los Who, y responsable junto a Paul Weller del revival de finales de los setenta. En España, o más concretamente en Madrid, a comienzos de los ochenta, se recrearon una y mil veces estas batallas sin sentido, con el trágico record de la muerte de uno de estos jóvenes tangenciales.

Probablemente este suceso fue el fin de la muy relativa popularidad y el regreso al underground de ambas escenas. Sin vivir esa época, y cuando los protagonistas relatan que en uno y otro bando había gente más interesada en la violencia que en los sonidos liberadores, uno reflexiona sobre lo peligroso de los tópicos, de la falta de profundidad, y sobre todo de las consecuencias luctuosas que se derivaron de ello.

Decía que no sabía si ponerme serio o no porque vengo de una fiesta en la que me lo he pasado en grande. Se trata del primer Rockers Vs. Mods Madrid, en donde durante el viernes y el sábado se han dado cita los dos grupos iniciadores de casi todo lo que se denomina contracultural. Este evento comenzó con una concentración motera, burrum burrum burrum contra popopopopo (Capitan Morgado dixit) y ha finalizado tras horas de juerga en una midnighter donde han confluido, juntos pero no revueltos, estos dos estilos tan diferentes pero a la vez tan parejos. Y está bien.

Me ha gustado ver a los fornidos tipos del tupé (por que diablos son todos tan grandes?) bailando su Jitterbop y a nosotros nuestro northern. Bueno, o intentándolo, porque como le he dicho a un amiguete:

- Los mods hemos quedado como una pandilla de hooligans borrachos
- Ya, si es que es lo que somos

En todo caso la muestra contra la uniformidad, el tedio y la costumbre es casi lo único que me recuerda mi condición humana, mi condición sentimentalmente humana. Está bien, está bien. Como decían los Sham 69 if the kids are united they will never be divided.

miércoles, 25 de febrero de 2009

The Honeybus - (Do I figure) In your Life




Preciosismo sonoro, artesanía instrumental, pop melódico tan bien hecho que sólo de escucharlo aprecias la existencia de la música.

Tanto como que algunas cosas no cambien.

-Cambiaste, hiciste nuevos amigos, de esos que sonríen siempre, pase lo que pase, aunque no tengan motivo. De los que proporcionan posición, pero no apoyo. ¿Te acuerdas de mi alguna vez?
Cuando te veo no reconozco a quien conocí. La primera vez que estás con una persona es diferente de todas las demás, es como poner un disco de un gran grupo desconocido pero fundamental, al principio las notas te son ajenas, al poco ya forman parte de ti. Pero las canciones a veces se gastan, y por una cosa u otra ya no son lo mismo. Son los mismos acordes, pero ya no emocionan. ¿Crees que formo parte de tu vida?.

Me sonrojo, casi siento vergüenza de ver lo que prometías, hacía donde querías ir, y como estropeaste todo por tu inacción constante, tu perpetuo estancamiento, tu discurso eternamente circular. Hablabas de acción, de avanzar, de no parar nunca, y te quedaste en el mismo punto, girando como un reloj de trece horas. ¿Aun sigo a tu lado?

-No lo sé, pero podemos poner un disco como este y esperar a que acabe, y luego veremos...

miércoles, 11 de febrero de 2009

Concierto de los The Del Shapiros

Este próximo Viernes 13 de Febrero los The Del Shapiros tocan en La Pequeña Bety, Madrid. Como sé, querido público, que son ustedes gente moderna, pero disoluta y de vagas costumbres, se lo recordamos con tiempo para que lo apunten en sus agendas, y no les sobrevenga luego una acidez estomacal al recordar la perdida cita mientras ven Callejeros.

martes, 10 de febrero de 2009

The Bluestars - Social End Product


"...I’ve been labeled as an angry young man
Because I don’t fit into the master plan
Under society’s microscope
I look funny but it’s no joke

I’m a social end product so don’t blame me
I’m a social end product of society
It’s not my fault that I don’t belong
It’s the world around me that’s gone all wrong..."

Grupo neozelandés prueba a zambullirse en el caldo musical del Londres del 66, sacan algunos singles con la Decca y esta les dice que ya está bien y que se vuelvan a su isla del fin del mundo. La banda, despechada, graba un single a modo de réplica.

Normalmente suele llover del cielo a la tierra, el sol suele salir por el este y un objeto no puede estar en dos lugares a la vez, normalmente. Pero a veces Newton nos falla y recurrimos a Einstein, añadimos energía y las cosas se complican, y se hacen más bellas, y ni el sol sale por el este, ni esta banda acaba sus días mirándose a los pies.

En un ataque de ira adolescente graban la banda sonora perfecta para la subversión generalizada, punkean quince años antes de lo esperado, y son vividos hoy mismo por vosotros. Estas pequeñas victorias son las que hacen del mundo un sitio menos malo.

jueves, 29 de enero de 2009

Easybeats - Friday on my mind


Siempre con el Viernes en la cabeza, con el día en que nos abren las puertas y nos dejan salir como niños al recreo. Pequeños sonrientes que miran alegremente a su alrededor, sin saber, todavía, que es sólo una pausa, un paréntesis necesario, una pastilla azul contra la locura.

Cogeremos a nuestra chica de la mano, que guapa, y creeremos que somos libres. Bajaremos a la ciudad, a ver a los amigos, pisando con nuestros zapatos de punta al tedio de la fila de narices alineadas, que nos miran con cara de incredulidad.

Os dejamos los starbucks, los centros comerciales, vuestras veladas aburridas hablando de la bolsa, el euribor o de lo que demonios quieran vuestros maestros que habléis. Nosotros tenemos de nuestra parte el zumbido de la aguja vibrante, el circulo de polímero negro, nuestra altanería ganada a pulso. No te equivoques, tu fin de semana no será igual que el mio.

Llegará el Lunes, ¿cansado dices?, no, uno no se cansa de bailar de beber o de follar, uno no se cansa de la vida. Me agoto de la no vida, del aburrimiento, de verte todos los días, señor de traje grande, señor de piel descolgada, señor de boca ruin y ojos de barro.

Pero sigo teniendo el Viernes en mi cabeza, como una incandescencia tenue pero firme, como un canto del Nepal dentro de una caja de corcho. Algún día será siempre Viernes, y bailaremos soul el martes a las 11, y te besare el lunes a las 7, y no me iré, y seremos felices.

martes, 2 de septiembre de 2008

Janette Beckman: Made in UK

La fotografía sobre música popular es uno de los campos que, desde su nacimiento hace cuarenta años, ha dado mayores sorpresas al mundo del obturador. Posiblemente no tenga la trascendencia de la instantánea histórica, o el encanto de las imágenes sobre el cine y sus aledaños, pero gana a cualquier género por pose, verosimilitud y energía. Unida por naturaleza indisoluble a su realidad ha ido evolucionando según los acordes han ido cambiando con los años. Hoy traemos a La Aurora Moderna a Janette Beckam, fotógrafa inglesa que tuvo la suerte de poder mirar a través de su objetivo uno de los periodos más apasionantes de la reciente historia de la música en las Islas Británicas, el lapso 1977-1982.

Janette Beckman poseé una colección envidiable de grupos fotografiados: The Clash, The Jam, The Sex Pistols, The Specials, Undertones..., a los que podía acceder por su trabajo en las revistas The Face y Melody Maker. Todos estos músicos carecían, afortunadamente, del halo de endiosamiento y actitud circense que había caracterizado el periodo anterior, con sus sinfonías, intelectualidades exageradas o botas multicolores de tacón de aguja. Estos eran los sonidos de la calle, la banda sonora del Londres jodido por la crisis, no sólo económica, que golpeaba a todo el Reino Unido. Y tenía su reflejo en los chicos y chicas de la época, que pasaron de ser meros espectadores pasivos, para trasladar a su vida cotidiana sus pasiones, y reflejarlo en su estética y actitudes.

Esta fotógrafa supo ver que los grupos de música no eran más que la parte visible de las contraculturas que poseían a la juventud británica menos square. Asombra, casi treinta años después de todo aquello, la sinceridad de la pose, la arrogancia del estilo, la sonora bofetada a las convenciones. No se ve atisbo de prefabricación o marketing, y eso se agradece.

A mitad de los ochenta, Beckman abandono la Inglaterra de la Thatcher y se fue en busca de una nueva revolución, esta al otro lado del atlántico, la del Hip-Hop en Nueva York, pero eso es otra historia...

Las imágenes que acompañan a este post han sido obtenidas de la imprescindible página, Morrison Hotel, y las podéis ver aquí.

Powerhouse Books editó en el 2005 el libro "Made in UK. The music of attitude", que auna el trabajo de Beckman en el periodo comentado.

martes, 26 de agosto de 2008

La música en la posmodernidad


Dándome una vuelta por los fotologs de amiguetes y conocidos veo que uno de ellos se queja de lo insoportable que resulta oir, y digo bien, el tema Merci a todas horas y por todas partes. Surgían detractores del mismo en los comentarios por considerarlo un simple pastiche, que lo es y en mi opinión bastante bueno. También surgían defensores alegando que no todo lo popular tiene que ser por definición malo. Pero esta no es la cuestión.

La música es una creación cultural humana, sometida en estos tiempos, no siempre ha sido así, al mercantilismo en la mayoría de sus manifestaciones. Por tanto podríamos encontrarnos en un primer nivel con que la música se hace por negocio, como una forma de ganar dinero. Sin embargo, desde el surgimiento de la música popular a mediados de los cincuenta el mercantilismo ha estado indisolublemente unido a ella, por lo que no nos serviría como criterio discriminador. Sí nos podría valer el hecho de que aunque siempre se ha hecho música popular para ganar dinero, hubo un periodo en que el negocio surgía en base a factores artísticos. Quiero decir que no es casual que antes de que la industria musical se convirtiera en un monstruo gigantesco, la mayoría de grupos conocidos y rentables, fueran además artísticamente excepcionales.

Sin embargo esto cambia en un momento determinado. El cuando me resulta críptico, ¿principios de los ochenta quizá? ¿depende de la zona?¿Ocurre por igual en todas las corrientes musicales?. Esas preguntas os las dejo a vosotros, y me permito dar un salto al momento actual, que esto es un post no un ensayo de mil páginas.

La música popular actual es posmoderna casi en su totalidad. Posmoderna en el sentido filosófico del termino. Es una música cuya efectividad no se basa en su calidad, que puede tenerla en algunos casos, no es esa la discusión, sino en la repetición a través de los medios. Antes se hacía publicidad de la música, ahora la propia música se ha convertido en publicidad en si misma. Su cometido es repetirse hasta alcanzar el status de mantra, para así pasar a formar parte del imaginario colectivo. La repetición no es sólo de un tema en concreto, se radía la misma canción con distintas formas, sin que nadie parezca importarle.

Los productos musicales actuales, que son eso, tanto como las hamburguesas, no pretenden desarrollarse en el tiempo. ¿Cuantos grupos, solistas de éxito sacan un tercer trabajo?. Su función es obtener el máximo beneficio en el menor espacio de tiempo con los menores costes posibles. Puro neoliberalismo musical. La música es una exageración constante, se encumbra a productos hasta el exceso y se les relega al olvido aún más rápido. El resultado es un devenir constante de pseudoestilos, e tendencias efímeras que ocupan el tiempo del público antes de que a este le de tiempo a reaccionar.

El producto musical carece de referentes, de fondo, de sustancia. No me refiero a que por obligación la música tenga que tener algún tipo de mensaje explicito, no es eso, si no más bien a que la música signifique algo por si misma, sea este significado profundo o intrascendente. Esta idea admito que es difícil de desarrollar, por eso me valdré del ejemplo arrollador: No es lo mismo Bobby Womack que esta rubita de la que hablabamos antes. Esto es, la música surgía de un contexto, de un momento determinado, significaba algo en referencia a la realidad, estaba en consonancia de una u otra forma con una tradición artística que le precedía y daría a su vez una nueva evolución. El producto espectáculo de ahora surge de forma artificial, y adquiere elementos de otras corrientes creando un sincretismo repugnante e incoherente.

No estoy haciendo con esto una reivindicación acrítica del pasado. No se trata de que cualquier tiempo pasado sea mejor, idea triste como poco. Simplemente existe una evolución cronológica negativa. Los grupos musicales de interés siguen surgiendo, la diferencia es que ahora son o bien completamente ignorados o absorbidos y desnaturalizados.

Pero ¿y el público?. En consonancia con las circunstancias. Poneos en la situación de conocer a alguien, por ejemplo en un trabajo, y que a la pregunta de ¿Qué música te gusta?, responde: A mi toda. Toda, exactamente, ninguna. Yo pensé que mentían, y que ocultaban su falta de conocimiento en este ámbito con una exageración. Pero no, realmente les da igual más allá de unas ligeras caracterizaciones, que coinciden con los estantes de los centros comerciales, en el que el "pop-rock" es el máximo exponente de la nada y el todo. No existe evolución ni aprendizaje, no se empieza por algo y se bucea cada vez más profundo, ya que no existen los referentes ni los significados, más allá de imitaciones de segunda o tópicos superficiales. Este verano hemos asistido a la culminación del despropósito musical en un festival como el Rock in Rio, en el que los asistantes celebraban tanto su masividad como la imposible mezcla de estilos en su cartel.

Contrariamente a el cinismo general creo que no está todo perdido, siempre crece algo en las grietas de las rocas. ¿Cómo es posible que pese a la masividad, insistencia, repetición del aparato de sonido unitario aun quede gente que sea inmune a este virus? No lo sé, pero conozco infinidad de personas, inscritas en diversas escenas y contraculturas al margen de la corriente mayoritaria, que siguen disfrutando de la música viva y real. Gente que va a conciertos en bares pequeños a ver a grupos desconocidos, que bailan discos antiguos no como un acto nostálgico, si no como una celebración presente de la vigencia de esos sonidos, que escuchan la vanguardia, lo más nuevo, buscando sensaciones diferentes a las habituales, o simplemente que cometen el estupendo crimen de gastarse medio sueldo en un vinilo. No pongo ejemplos, cada uno tendremos los nuestros, tan diferentes y la vez tan parecidos.

domingo, 25 de mayo de 2008

Paul Weller - Echoes round the Sun



Primer single del nuevo disco de Paul Weller, 22 Dreams, que estará a la venta a partir de este próximo 2 de Junio.

En este primer corte, Echoes round the Sun, el Modfather está acompañado por Noel Gallagher y Gem Archer, de Oasis, y Steve Cradock, de Ocean Colour Scene, aquí transmutado en batería. No será la única colaboración ya que en el disco también estará Graham Coxon, el guitarrista del extinto Blur.

Desgraciadamente en su página aun no se anuncia ningún concierto programado para España. Con los carteles de los grandes festivales de verano cerrados sería de esperar que Weller se dejara caer por España en Otoño, veremos...

lunes, 19 de mayo de 2008

Lock, Stock & Liar Liar, afortunado encuentro


Unos tipos de Minnesota les da en 1965 por escribir una cancion llamada Liar Liar. Su nombre los Castaways, banda de Garaje one-hit-wonder semidesconocida, si no fuera por el celeberrimo recopilatorio Nuggets.

En 1998 otro señor, esta vez de Londres, hace una película que tiene el alambicado título de Lock, Stock & Two Smoking Barrels. Su nombre es Guy Ritchie, y es un director de cine que va camino también de ser un One (or two) hit wonder (Madonna tiene la culpa, seguro).

Más allá de los Castaways o Guy Ritchie, los cuales en sus aspectos biográficos me importan menos que la salud de un banquero, quería llamar la atención por el magnífico suceso de simbiosis sonoro musical que se produce en la escena de arriba.

Está claro que hay películas y canciones que nacieron para conocerse, y la escena de la partida de Póker de Lock & Stock, y Liar Liar son dos de esos encuentros que de no producirse, habrían de inventarse.

viernes, 22 de febrero de 2008

Los Negativos, psicodelia en Barcelona

Uno de las grandes verdades (y desastres) de la historia es que la escriben los ganadores. Ocurre con los grandes acontecimientos históricos, y también con los pequeños, o al menos los que afectan a la gente de una forma diferente. Y la cultura, la música, es uno de ellos.

Desde hace unos años vivimos un revival permanente de casi todo, pero es un recuerdo ficticio, tamizado, parcial, y en la mayoría de las ocasiones ridículo. Los ochenta, en lo cultural en España, están indisolublemente unidos a lo que se denominó la movida, que fuera real o no, es lo que aparece en todos los reportajes de relleno, que de vez en cuando publican en los dominicales (AKA revistas para aburridos tipos de mediana edad). Pero hubo mucho más, de lo que nunca se habla, y de lo que hoy precisamente, traemos un claro ejemplo.

Si alguien medianamente versado en música y culturas alternativas mira la foto de algo más arriba, no habría que culparle si piensa que es la instantanea de cuatro jóvenes en el San Francisco del 67. Sí, son cuatro jóvenes, sí, son psicodélicos, o garajeros, o como quieran etiquetarlos, pero la foto es de 1984 y está tomada en Barcelona.

Alfredo Calonge (voz y guitarra), Carlos Estrada (bajo), Roberto Grima (guitarra) y Valentín Morato (batería) fueron Los Negativos, un grupo musical barcelonés que aunó, en casi su único disco, Piknik Caleidoscópico, las influencias de la música sesentera de la costa oeste norteamericana, y el gran pop que se hacía en los ochenta aquí mismo. La verdad es que sería exagerado decir que Los Negativos son un grupo imprescindible, pero no que son muy recomendables. Piknik Caleidoscópico es un disco donde sobresalen unas estupendas melodías y unas curiosas letras, donde Cigarras Panameñas, es la que creo la mejor canción. El disco fue reeditado en 2005 por Mushroom Pillow, un gran sello que da para más de un post en este blog.

Los Negativos editaron un segundo disco 18º Sábado Amarillo y un recopilatorio-directo, Las Cintas de Thule. El grupo como la mayoría de formaciones realmente interesantes de la época no dio para más (o fue el público el que ya no daba para más), y se separó. Afortunadamente se reunieron en 1996, ya no toda la formación original, y editaron su tercer disco, Puzzle. La noticia fue buena no tanto por el disco en sí como por la oportunidad que dio a mucha gente de verlos en directo. Para acabar os dejo un link con una entrevista en Enero del 2007, publicada en El Blog de Mac. (Para los videos en el youtube, que los hay, no os pongo links, no seais vagos y utilizar vuestra oxidada taquigrafía de vez en cuando.)