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lunes, 23 de agosto de 2010

La actitud

Se trataba de eso, de ser diferentes, de tener una cultura propia. De no tener que agachar la cabeza por venir de donde venimos, por ser quien somos, por encajar tan poco con el hueco que nos habían reservado.

En los barrios de Londres o Nueva York, que son para el mundo de la contracultura lo que el aire a la vida, existía algo entre los estrechos márgenes que dejaba la sociedad oficial, la abrumadora normalidad, que se acababa filtrando entre los ladrillos. Era la actitud.

La actitud reflejada en su pelo, en el gesto incisivo a la cámara de fascinación burguesa por el raro, el lúmpen, el extramuros, el working class encarado y orgulloso. La actitud en sus zapatos, en el abrigo, en la pulcritud inversa a la suciedad de las calles por donde andaban.

Y no sé que hicimos con ella, donde la perdimos, donde la dejamos abandonada.

Hay una gran diferencia entre lo actual y lo moderno, entre el original y el pastiche, entre los principios y la tendencia. Entre creernos lo que queremos ser y fingirlo, entre ser apasionados o unos cínicos.

Ustedes eligen si merece la pena intentarlo.

La foto es "Teenage Couple on Hudson Street" y está tomada en el 62 por la mítica Diane Arbus

martes, 20 de octubre de 2009

El blanco y negro y el jazz

Creo que nací en una época equivocada. Intuyo que hubo un momento en el que todo parecía tener importancia, en el que las cosas no daban igual, y en el que la diferencia entre lo que era interesante y lo que era prescindible, era tan grande como una brecha abierta en la tierra por un río de proporciones continentales.
Lo sé cuando escucho a Billie Holiday en algún recopilatorio de la Atlantic, con una producción tan elegante que pienso que el disco debería venir envuelto en una funda a medida hecha con mohaire. Oigo la voz de esta mujer, y más allá de enciclopedismos musicales, de aficiones pasajeras, lo que percibo es contenido.
Quien canta tiene que tener algo que decir, y no me refiero a un mensaje explicito, si no a un interés vital que se acaba marcando en las notas que salen de su garganta. No es un producto ensamblado en un laboratorio por técnicos en el arte de vender, es carne, humo, dificultades, entereza y abnegación. Es la vida hecha música.
Pienso que tenemos la suerte de que en esos momentos había fotógrafos dispuestos a pintar los cuadros del siglo XX, a recoger con su cámara en un sólo momento, practicando un decó inverso, tantas horas de esa gente que sólo tenía su música para hacerse valer. Uno de ellos fue Herman Leonard, quien capturó imágenes en las noches del Mahattan de los cincuenta, en el que era normal poder ver cada semana a Dizzie Gillespie, Charlie Parker, o Duke Ellington enseñando a los que no se acostaban pronto que era aquello llamado La Música.
Y por encima de consideraciones fotográficas, la gran diferencia entre un retratista de las fiestas del Upper East Side y de este fotógrafo era estar. Estar en los sitios en los que sucedía la vida carente de sucedáneos, alejada de las componendas, las sonrisas de plástico y los tipos de gesto adusto con más dinero que educación.
Hoy me cuesta encontrar esas fotos y esos lugares, pero sobre todo me cuesta encontrar a gente, de esa que se denomina creativa, que sepa cual es la diferencia entre el sabor de un whisky sólo y un combinado de bebida energética, entre un button-down y una camiseta arrugada de 200 euros, y entre que las cosas tienen importancia, más allá del dinero que generen, por lo que significan en realidad.

jueves, 21 de mayo de 2009

Dylan en Liverpool, 1966, por Barry Feinstein


Sabes de esos días de invierno en los que la luz se cuela a través de las nubes, volviendo todo blanquecino y apacible, como si nunca fuera a pasar nada, como si todo fuera a seguir siempre igual. Pues en uno de esos días pasó algo, lo recuerdo vivamente, como el día que pierdes, o te quitan algo querido, como el día que te regalaron eso que tanto te gustaba en tu cumpleaños.

lunes, 18 de mayo de 2009

Sid Vicious fuera de lugar

¿Cuántas veces me sentí así? Con vuestros ojos clavados en mi, sin ningún atisbo de disimulo, parapetados en vuestro número, en la masa y la normalidad. La primera vez que llevé gabardina al instituto, diecisiete años, patillas despobladas, ganas de comerme el mundo, ahí estabais, con vuestra mirada censora, vuestro asqueroso uniforme de colores, vuestra estúpida sensación de superioridad.

No es sólo el aspecto lo que detestáis, es la incomprensión ante el desconocido refulgente, el no poder encasillarle en vuestras limitadas categorías. Todo tiene que estar etiquetado en el mundo reducido en el que os movéis, todo tiene que llevar un código de barras que os indique la forma de actuar, la chanza más apropiada, la comparación más odiosa.

Me gustaría poder dedicaros palabras de esperanza, de cambio, de confianza, decir que todo cambia, que ha habido tiempos mejores y que quizás vuelvan algún día. Pero ya no tengo ganas, hoy al menos. Hoy sólo os deseo que os hagáis viejos con veinte años, que sigáis hablando en vuestras tabernas de vuestros temas deprimentes, que os sequéis dentro de esos trajes grandes como sudarios.

A nosotros siempre nos quedará el underground, pequeño, sucio y sin futuro. Pero nuestro, construido piedra a piedra por los que nos sucedieron, aislado de vuestros focos y grabadoras, hermético a vuestra maldad cotidiana.

La foto es de Bob Gruen, tomada en un autobús de transporte aeroportuario a finales de los setenta. En ella sale un chico que tocaba en un grupo, del cual todos recordamos su nombre. Del resto no sabemos nada.

martes, 2 de septiembre de 2008

Janette Beckman: Made in UK

La fotografía sobre música popular es uno de los campos que, desde su nacimiento hace cuarenta años, ha dado mayores sorpresas al mundo del obturador. Posiblemente no tenga la trascendencia de la instantánea histórica, o el encanto de las imágenes sobre el cine y sus aledaños, pero gana a cualquier género por pose, verosimilitud y energía. Unida por naturaleza indisoluble a su realidad ha ido evolucionando según los acordes han ido cambiando con los años. Hoy traemos a La Aurora Moderna a Janette Beckam, fotógrafa inglesa que tuvo la suerte de poder mirar a través de su objetivo uno de los periodos más apasionantes de la reciente historia de la música en las Islas Británicas, el lapso 1977-1982.

Janette Beckman poseé una colección envidiable de grupos fotografiados: The Clash, The Jam, The Sex Pistols, The Specials, Undertones..., a los que podía acceder por su trabajo en las revistas The Face y Melody Maker. Todos estos músicos carecían, afortunadamente, del halo de endiosamiento y actitud circense que había caracterizado el periodo anterior, con sus sinfonías, intelectualidades exageradas o botas multicolores de tacón de aguja. Estos eran los sonidos de la calle, la banda sonora del Londres jodido por la crisis, no sólo económica, que golpeaba a todo el Reino Unido. Y tenía su reflejo en los chicos y chicas de la época, que pasaron de ser meros espectadores pasivos, para trasladar a su vida cotidiana sus pasiones, y reflejarlo en su estética y actitudes.

Esta fotógrafa supo ver que los grupos de música no eran más que la parte visible de las contraculturas que poseían a la juventud británica menos square. Asombra, casi treinta años después de todo aquello, la sinceridad de la pose, la arrogancia del estilo, la sonora bofetada a las convenciones. No se ve atisbo de prefabricación o marketing, y eso se agradece.

A mitad de los ochenta, Beckman abandono la Inglaterra de la Thatcher y se fue en busca de una nueva revolución, esta al otro lado del atlántico, la del Hip-Hop en Nueva York, pero eso es otra historia...

Las imágenes que acompañan a este post han sido obtenidas de la imprescindible página, Morrison Hotel, y las podéis ver aquí.

Powerhouse Books editó en el 2005 el libro "Made in UK. The music of attitude", que auna el trabajo de Beckman en el periodo comentado.

miércoles, 27 de agosto de 2008

Philip Townsend - Fotógrafo del Swinging London

Mods en Portobello

Philip Townsend fue una de esas personas que estuvo en el lugar adecuado en el momento preciso, y además lo supo aprovechar. Como fotógrafo no destaca especialmente en ningún aspecto, variando su estilo poco a lo largo de la década de los sesenta, buenas composiciones y sentido de la oportunidad y el momento (Siendo reduccionistas la fotografía no es mucho más que eso).

Empezo trabajando en la costa azul retratando a la beutiful people, pero lo que le dio fama fue su relación con los Beatles y los Stones, sobre todo con estos últimos, a los que siguió permanentemente durante un tiempo.

Sheila Mumby, arrebatadora

Hace un par de años tuvo lugar una exposición llamada "Sorry you missed the sixties" donde se recogían una selección de imágenes tomadas en el Londres de mediados de los sesenta, donde se alternaban personajes célebres de la época con imágenes de gente anónima relacionada con el mundo de la música o la moda.

En esta página parecen recogerse las exposiciones de Mr. Townsend, y en su web se encuentra una amplia selección de su trabajo.

miércoles, 21 de mayo de 2008

Weegee: Couple in voodoo trance

Weeggee era un tipo con cara de bulldog y puro perpetuo, y fotografió la vida de Nueva York desde la gran depresión hasta finales de los sesenta. Las imágenes que tomaba iban desde cadáveres por ajustes de cuentas de la mafia, hasta los incendios que se comían interesadamente casas que molestaban para recomponer la ciudad a gusto de los constructores. Weegee no lo hacía por placer o por arte, si no para publicarlas en los periódicos y poder vivir. Pero quien tiene la asombrosa capacidad de capturar la vida en una imagen, acaba por trascender el fotoperiodismo, o llevarlo de la información visual a una categoría diferente. Weegee no se mezclaba con la gente, era la gente, era Nueva York.

A raiz de una exposición del International Center of Photography de hace unos años, salieron a la luz decenas de fotos no publicadas, entre ellas la que veis arriba, "Pareja en trance vudú", hecha en 1956 en algún club del Bowery.

Si en los cincuenta en estados unidos estabas en un club en Manhattan donde había negros y blancos juntos, donde la gente bailaba jazz sin camiseta, y beber alcohol de alta graduación era lo menos tóxico que podías introducir en tu cuerpo (de la forma que fuere necesaria), es que eras alguien que vivía, lo otro era el square de clase media temeroso de dios y los comunistas.

Esta foto recoge un pedazo de vida, pero vida de la que se vive, no de la que se mira en una pantalla. Es imposible describirla, mejorarla con palabras. Mira las caras de los protagonistas, mira sus ojos y sus bocas, increíblemente simétricos, mira sus manos y sus cuerpos, deja de mirar, apaga esta puta máquina y busca algún rincón parecido en tu ciudad, donde la gente sude, baile y viva.

miércoles, 23 de enero de 2008

Arkady Shaiket - La fotografía de portada de Vida y Destino

Hace un tiempo nos llegó "Vida y Destino" de Vasili Grossman a la librería. Mientras que lo fichaba reparé ejemplar tras ejemplar en la foto de portada. Hoy por fin me he hecho con un ejemplar, que espero leer pronto, y he podido ver el nombre del autor de la imagen de más arriba: Arkady Shaiket (o Shaikhet).

Apenas existe información sobre él en internet, más allá de que era ruso, que nació en 1898 y murió en 1959. Como más fotografos de su generación transitaría por el constructivismo bolchevique, el realismo estalinista y el reportaje de guerra, al cual pertenece esta imagen tomada en 1943.

En ella un soldado del Ejercito Rojo se abraza a dos mujeres. Llama la atención la desolación tan diferente que presentan los tres protagonistas: desconsuelo, incredulidad y abnegación. Según leo en una página de la BBC, sobre una exposición de fotografía rusa en la Segunda Guerra Mundial, el soldado se ha reunido con sus hermanas tras la liberación del pueblo de Karachev. Acaba de descubrir, además, que sus padres han sido asesinados por los nazis.

La sensación que emana de la imagen es brutal, conmovedora en el más estricto significado de la palabra. Como fotografía describe la historia que hay tras ella a la perfección, y que Arkady Shaiket no conocería a la hora de abrir el diafragma.

jueves, 29 de noviembre de 2007

Robert Doisneau - Los niños de la plaza Hébert


Robert Doisneau, Les Enfants de la Place Hébert, 1957
Fichero .Kmz de este lugar en París, aquí.

Me imagino el momento en el que Doisneau tomó esta foto. Habría acabado de comer en algún Bistró de la zona, al noroeste de Montmartre, y se encontró a estos tres jóvenes parisinos. La hora es esa en la que la luz de la tarde, de principio de otoño, calienta sólo tibiamente . La actitud de cada uno es impagable.

La niña pequeña, con su honesta curiosidad, mira a cámara como miraría una niña a un desconocido que le apunta con algo que probablemente nunca hubiera visto. Su hermana, una adolescente, adopta una forzada pose que habría tomado de alguna película de la época. Promete ser muy guapa al cabo de unos años. Su novio, el chaval que se apoya con splín en el teléfono de la policía, mira al suelo fingiendo desinterés. Mostraría el mismo falso desinterés delante de sus amigos rockabillys horas después, cuando estos le preguntaran por la chica a la que había ido a ver esa tarde de principios del otoño de 1957.