
Se trataba de eso, de ser diferentes, de tener una cultura propia. De no tener que agachar la cabeza por venir de donde venimos, por ser quien somos, por encajar tan poco con el hueco que nos habían reservado.
En los barrios de Londres o Nueva York, que son para el mundo de la contracultura lo que el aire a la vida, existía algo entre los estrechos márgenes que dejaba la sociedad oficial, la abrumadora normalidad, que se acababa filtrando entre los ladrillos. Era la actitud.
La actitud reflejada en su pelo, en el gesto incisivo a la cámara de fascinación burguesa por el raro, el lúmpen, el extramuros, el working class encarado y orgulloso. La actitud en sus zapatos, en el abrigo, en la pulcritud inversa a la suciedad de las calles por donde andaban.
Y no sé que hicimos con ella, donde la perdimos, donde la dejamos abandonada.
Hay una gran diferencia entre lo actual y lo moderno, entre el original y el pastiche, entre los principios y la tendencia. Entre creernos lo que queremos ser y fingirlo, entre ser apasionados o unos cínicos.
Ustedes eligen si merece la pena intentarlo.
La foto es "Teenage Couple on Hudson Street" y está tomada en el 62 por la mítica Diane Arbus










